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07 noviembre 2009

Carta de Mahatma Gandhi al director general de la UNESCO




Bangui Colony, New Delhi, 25 de mayo de 1947

Querido Doctor Julián Huxley:

Como ando constantemente de un lado para el otro, nunca recibo el correo a tiempo. A no ser por su carta a Pandit Nehru, en la que se refiere a la que me dirigió a mi, podría no haber recibido la suya. Pero veo que usted ha dado a las personas a quienes se ha dirigido tiempo suficiente para que puedan contestar. Escribo ésta en un tren en marcha. Mañana cuando llegue a Delhi será copiada a máquina.

Me temo que no pueda darle nada que se aproxime al mínimo que usted indica. Lo cierto es que no tengo tiempo para hacer este esfuerzo. Pero todavía es más cierto que leo muy poca literatura pasada o presente, aunque me encantaría poder leer algunas de las obras maestras. Viviendo como vivo desde mi juventud una vida turbulenta, no he tenido tranquilidad para dedicarme a la lectura.

De mi ignorante pero sabia madre aprendí que los derechos que pueden merecerse y conservarse proceden del deber cumplido. De tal modo que sólo somos acreedores del derecho a la vida cuando cumplimos el deber de ciudadanos del mundo. Con esta declaración fundamental, quizás sea fácil definir los deberes del Hombre y de la Mujer y relacionar todos los derechos con algún deber correspondiente que ha de cumplirse primero. Todo otro derecho sólo será una usurpación por la que no merecerá la pena luchar.

Suyo afectísimo,

M. K. Gandhi.


Dr. Julián S. Huxley
Director General UNESCO,
París.





Como parte de las tareas de preparación de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, el entonces Director General de la UNESCO, dirigió cartas a numerosas personalidades de todo el mundo, en las que les solicitaba opinión sobre qué derechos debían ser reconocidos en la declaración. Esta carta es la contestación que le envió Gandhi. Como saben, el más importante líder político y religioso de la India.

Cartas de José de San Martín

A SIMÓN BOLÍVAR


Lima, 29 de agosto de 1821.
Excmo. señor Libertador de Colombia, Simón Bolívar.

Querido general:

Dije a usted en mi última del 23 del corriente que habiendo reasumido el mando Supremo de esta república, con el fin de separar de él al débil e inepto Torre-Tagle las atenciones que me rodeaban en el momento no me permitían escribirle con la atención que deseaba; ahora al verificarlo no sólo lo haré con la franqueza de mi carácter sino con la que exigen los altos intereses de la América. Los resultados de nuestra entrevista no han sido los que me prometía para la pronta terminación de la guerra. Desgraciadamente yo estoy íntimamente convencido o que no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes, con las fuerzas de mi mando, o que mi persona le es embarazosa. Las razones que usted me expuso de que su delicadeza no le permitiría jamás mandarme, y que aun en el caso de que esta dificultad pudiese ser vencida estaba seguro que el Congreso de Colombia no autorizaría su separación del territorio de la república, permítame general, le diga no me han parecido plausibles. La primera se refuta por sí misma. En cuanto a la seguida estoy muy persuadido la menor manifestación suya al Congreso sería acogida con unánime aprobación cuando se trata de finalizar la lucha en que estamos empeñados con la cooperación de usted y la del ejército de su mando y que el honor de ponerle término refluirá tanto sobre usted como sobre la república que preside. No se haga usted ilusiones, general. Las noticias que tiene de las fuerzas realistas son equivocadas: ellas montan en el Alto y Bajo Perú a más de 19.000 veteranos, que pueden reunirse en el espacio de dos meses.

El ejército patriota, diezmado por las enfermedades, no podrá poner en línea de batalla sino 8.500 hombres, y de éstos una gran parte reclutas. La división del general Santa Cruz cuyas bajas según me escribe este general no han sido reemplazadas a pesar de sus reclamaciones en su dilatada marcha por tierra, debe experimentar una pérdida considerable, y nada podrá emprender en la presente campaña. La división de 1.400 colombianos que usted envía será necesaria para mantener la guarnición del Callao y el orden en Lima. Por consiguiente, sin el apoyo del ejército de su mando, la operación que se prepara por Puertos Intermedios no podrá conseguir las ventajas que debían esperarse, si fuerzas poderosas no llaman en la atención del enemigo por otra parte y así la lucha se prolongará por un tiempo indefinido. Digo indefinido porque estoy íntimamente convencido que sean cuales fueren las vicisitudes de la presente guerra, la independencia de la América es irrevocable; pero también lo estoy de que su prolongación causará la ruina de sus pueblos, y es un deber sagrado para los hombres a quienes están confiados sus destinos, evitar la continuación de tamaños males.

En fin, general; mi partido está irrevocablemente tomado. Para el 20 del mes entrante he convocado el primer congreso del Perú y al día siguiente de su instalación me embarcaré para Chile convencido de que mi presencia es el solo obstáculo que le impide a usted venir al Perú con el ejército de su mando. Para mí hubiese sido el colmo de la felicidad terminar la guerra de la independencia bajo las órdenes de un general a quien América debe su libertad. El destino lo dispone de otro modo y es preciso conformarse. No dudando que después de mi salida del Perú el gobierno que se establezca reclamará la activa cooperación de Colombia y que usted no podrá negarse a tan justa exigencia, remitiré a usted una nota de todos los jefes cuya conducta militar y privada pueda ser a usted de alguna utilidad su conocimiento.

El general Arenales quedará encargado del mando de las fuerzas argentinas. Su honradez, coraje y conocimiento, estoy seguro lo harán acreedor a que usted le dispense toda consideración. Nada diré a usted sobre la reunión de Guayaquil a la república de Colombia. Permítame, general, que le diga que creí no era a nosotros a quienes correspondía decidir este importante asunto. Concluida la guerra los gobiernos respectivos lo hubieran transado sin los inconvenientes que en el día pueden resultar a los intereses de los nuevos estados de Sud América. He hablado a usted, general, con franqueza, pero los sentimientos que expresa esta carta quedarán sepultados en el más profundo silencio; si llegasen a traslucirse, los enemigos de nuestra libertad podrían prevalecerse para perjudicarla, y los intrigantes y ambiciosos para soplar la discordia. Con el comandante Delgado, dador de ésta, remito a usted una escopeta y un par de pistolas juntamente con el caballo de paso que le ofrecí en Guayaquil. Admita usted, general, esta memoria del primero de sus admiradores.

Con estos sentimientos y con los de desearle únicamente sea usted quien tenga la gloria de terminar la guerra de la independencia de la América del Sud, se repite su afectísimo servidor.

JOSÉ DE SAN MARTÍN

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A TOMÁS GUIDO (militar y político argentino), pocos días antes de partir definitivamente hacia Francia.


Montevideo, 3 de abril de 1829

Las agitaciones de 19 años de ensayos en busca de una libertad que no ha existido y más que todo, las difíciles circunstancias en que se halla en el día nuestro país, hacen clamar a lo general de los hombres que ven sus fortunas al borde del precipicio, y su futura suerte cubierta de una funesta incertidumbre no por un cambio en los principios que nos rigen y que en mi opinión es donde está el mal, sino por un gobierno vigoroso, en una palabra militar; porque el que se ahoga no repara en lo que se agarra, igualmente conviene en que para que el país pueda existir, es de necesidad absoluta que de los dos partidos en cuestión desaparezca de él, al efecto, se trata de buscar un salvador, que reuniendo el prestigio de la victoria, el concepto de las demás provincias y más que todo un brazo vigoroso, salve a la patria de los males que la amenazan; la opinión presenta este candidato, él es el General San Martín. Para esta aserción yo me fundo en el número de cartas que he recibido de personas de respeto de ésa, y otras que me han hablado en ésta sobre ese particular; yo apoyo mi opinión sobre las circunstancias del día. Ahora bien, partiendo del principio que es absolutamente necesario el que desaparezca uno de los partidos contendientes, por ser incompatible la presencia de ambos con la tranquilidad pública. ¿Será posible, sea yo el escogido para ser el verdugo de mis conciudadanos, y cual otro Sila, cubra mi patria de proscripciones? No, jamás, jamás, mil veces preferiría correr y envolverme en los males que la amenazan que ser yo instrumento de tamaños horrores; por otra parte, después del carácter sanguinario con que se han pronunciado los partidos, no me sería permitido por el que quedase victorioso, usar de una clemencia necesaria y me vería obligado a ser agente del furor de pasiones exaltadas que no consultan otro principio que el de la venganza.

Mi amigo, veamos claro, la situación de nuestro país es tal, que el hombre que lo mande no le queda otra alternativa que la de apoyarse sobre una fracción o renunciar al mando; esto último es lo que hago. Muchos años hace que usted me conoce con inmediación, y le consta que nunca he suscrito a ningún partido, y que mis operaciones y resultados de éstas, han sido hijas de, mi escasa razón y del consejo amistoso de mis amigos; no faltará quien diga que la patria tiene derecho a exigir de sus hijos todo género de sacrificios, esto tiene sus límites; a ella, se le debe sacrificar la vida e intereses, pero no el honor.

La Historia y más que todo la experiencia de nuestra revolución, me han demostrado que jamás se puede mandar con más seguridad a los pueblos, que los dos primeros años después de una gran crisis, tal es la situación en que quedará el de Buenos Aires, que él no exigirá del que lo mande después de esta lucha, más que tranquilidad. Si sentimientos menos nobles que los que poseo a favor de nuestro suelo fuesen el Norte que me dirigiesen, yo aprovecharía de esta coyuntura para engañar a ese heroico, pero desgraciado pueblo, como lo han hecho unos cuantos demagogos que, con sus locas teorías, lo han precipitado en los males que lo afligen y dándole el pernicioso ejemplo de perseguir a los hombres de bien, sin reparar a los medios.

Después de lo que llevo expuesto, ¿cuál será el partido que me resta? Es preciso convenir que mi presencia en el país en estas circunstancias, lejos de ser útil no haría otra cosa que ser embarazosa, para los unos y objeto de continua desconfianza para los otros, de esperanzas que deben ser frustradas; para mí, de disgustos continuados.

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A LOS HABITANTES DE LAS PROVINCIAS UNIDAS.Antes de embarcarse en la expedición para dar libertad al Perú, San Martín se dirige a los habitantes de las Provincias Unidas en proclama del 22 de julio de 1820:


22 de julio de 1820

Compatriotas: voy a emprender la grande obra de dar libertad al Perú, mas antes de mi partida quiero deciros algunas verdades que sentiría las acabaseis de conocer por experiencia. (…) Vuestra situación no admite disimulo; diez años de constantes sacrificios sirven hoy de trofeo a la anarquía; la gloria de haberlos hecho es mi pesar actual cuando se considera su poco fruto. Habéis trabajado un precipicio con vuestras propias manos y acostumbrados a su vista, ninguna sensación de horror es capaz de deteneros.

Compatriotas: yo os hablo con la franqueza de un soldado. Si dóciles a la experiencia de diez años de conflictos no dais a vuestros deseos una dirección más prudente, temo que cansados de la anarquía suspiréis al fin por la opresión y recibáis el yugo del primer aventurero feliz que se presente, quien lejos de fijar vuestros destinos, no hará más que prolongar vuestra incertidumbre. (…)

Yo servía en el ejército español en 1811. Veinte años de honrados servicios me habían atraído alguna consideración, sin embargo de ser americano; supe de la revolución de mi país, y al abandonar mi fortuna y mis esperanzas, sólo sentía no tener más que sacrificar al deseo de contribuir a la libertad de mi patria; llegué a Buenos Aires a principios de 1812 y desde entonces me consagré a la causa de América: sus enemigos podrán decir si mis servicios han sido útiles.

Compatriotas: yo os dejo con el profundo sentimiento que causa la perspectiva de vuestra desgracia; vosotros me habéis acriminado aun de no haber contribuido a aumentarlas, porque éste habría sido el resultado si yo hubiese tomado parte activa en la guerra contra los federalistas (…) En tal caso era preciso renunciar a la empresa de libertar al Perú, y suponiendo que la suerte de las armas me hubiera sido favorable en la guerra civil, yo habría tenido que llorar la victoria con los mismos vencidos. No, el general San Martín jamás derramará la sangre de sus compatriotas y sólo desenvainará la espada contra los enemigos de la independencia de Sudamérica. (…)

¡Provincias del Río de la Plata! El día más célebre de vuestra revolución está próximo a amanecer. Voy a dar la última respuesta a mis calumniadores: yo no puedo menos que comprometer mi existencia y mi honor por la causa de mi país; y sea cual fuere mi suerte en la campaña del Perú, probaré que desde que volví a mi patria, su independencia ha sido el único pensamiento que me ha ocupado y que no he tenido más ambición que la de merecer el odio de los ingratos y el aprecio de los hombres virtuosos.







José de San Martín fue un militar argentino, libertador de Argentina, Chile y Perú. Fue, con Simón Bolívar, una de las personalidades más destacadas de la guerra de emancipación americana. Vivió en España, donde sirvió como oficial en el ejército español. Luego volvió a Argentina y comenzó a formarse un ejército revolucionario para ayudar en la lucha por la independencia. Cruzó los Andes con su ejército para llevar a cabo su hazaña, y ocupó la capital chilena. En 1820, organizó una expedición para liberar a Perú del dominio español. Ocupó Lima, y cuando se proclamó la independencia de Perú, fue declarado protector del país. Al año siguiente, además de la resistencia española, requirió ayuda de Simón Bolivar. Los dos tenían diferencias políticas, y en 1822, San Martín resignó su posición en favor de Bolívar. En 1824 fue a Europa, donde se quedó hasta su muerte en Francia, en 1850.

06 noviembre 2009

Carta de Pablo Neruda a Albertina Rosa

Pequeña, ayer debes haber recibido un periódico, y en él un poema de la ausente (tú eres la ausente). ¿Te gustó, pequeña? ¿Te convences de que te recuerdo? En cambio tú. En diez días, una carta. Yo, tendido en el pasto húmedo, en las tardes, pienso en tu boina gris, en tus ojos que amo, en ti. Salgo a las cinco, a vagar por las calles solas, por los campos vecinos. Sólo un amigo me acompaña, a veces.

He peleado con las numerosas novias que antes tenía, así es que estoy solo como nunca, y estaría como nunca feliz, si tu estuvieras conmigo. El 8 planté en el patio de mi casa un árbol, un aromo. Además traje de las quintas, pensando en ti, un narciso blanco, magnífico. Aquí, en las noches, se desata un viento terrible. Vivo solo, en los altos, y a veces me levanto, a cerrar la ventana, a hacer callar a los perros. A esa hora estarás dormida (como en el tren) y abro una ventana para que el viento te traiga hasta aquí, sin despertarte, como yo te traía.

Además elevaré mañana, en tu honor, un volantín de cuatro colores, y lo dejaré irse al cielo de Lota Alto. Recibirás, querida, un largo mensaje, una de estas noches, a la hora en que la Cruz del sur pasa por mi ventana (...) A veces, hoy, me da una angustia de que no estés conmigo. De que no puedas estar conmigo, siempre.

Largos besos de tu Pablo.






Neruda conoció a Albertina en 1921 cuando ambos estudiaban francés en el Instituto Pedagógico de Santiago. Más o menos de la misma edad -16 ó 17 años-, traban amistad y en el muchacho se enciende de inmediato una febril pasión. En 1923, escribe su primera carta cuando ella se traslada a la ciudad de Concepción. Neruda viaja al Oriente, y la sigue escribiendo muchas cartas, en las cuales le expresa su pasión, le reprocha su indiferencia y le suplica. Ante los silencios obstinados de la chica, Neruda decide olvidarla un tiempo, y se casa con una joven holandesa. Un mes más tarde, Neruda le pide al director de una revista que publique de manera destacada la foto matrimonial, con el secreto propósito de mortificar un poco a Albertina. Nunca se supo de la reacción de ella, pero cinco años más tarde se casaría con un poeta.

Cartas de de Ana Frank

Sábado 20 de junio de 1942

Hace varios días que estoy sin escribir; necesitaba reflexionar, de una vez por todas, sobre lo que significa un Diario. Es para mí una sensación singular la de expresar mis pensamientos, no sólo porque yo no he escrito nunca todavía, sino porque me parece que, más tarde, ni yo ni ningún otro se interesaría por las confidencias de una escolar de trece años. En fin, eso carece de importancia. Tengo ganas de escribir y aún más de sondear mi corazón sobre toda clase de cosas. "El papel es más paciente que los hombres". Este dicho acudió a mi espíritu un día de ligera melancolía en que estaba aburriéndome a más no poder, la cabeza apoyada en las manos, demasiado disgustada para decidirme a salir o a quedarme en casa. Sí, en efecto, el papel es paciente, y, como presumo que nadie se preocupará de este cuaderno encartonado dignamente titulado "Diario", no tengo ninguna intención de dejarlo nunca leer, a menos que encuentre en mi vida el Amigo o la Amiga a quien enseñárselo. Heme aquí llegada al punto de partida, a la idea de comenzar un Diario: yo no tengo amiga.

A fin de ser más clara, me explico mejor. Nadie podrá creer que una muchachita de trece años se encuentre sola en el mundo. Desde luego, no es totalmente exacto: tengo padres a quienes quiero mucho y una hermana de dieciséis años; tengo, en suma, una treintena de camaradas y, entre ellos, las llamadas amigas; tengo admiradores en abundancia que me siguen con la mirada, mientras que los que, en clase, están mal situados para verme, tratan de asir mi imagen con ayuda de un espejito de bolsillo. Tengo familia, amables tíos y tías, un hogar agradable. No. No me hace falta nada aparentemente, salvo la Amiga. Con mis camaradas, sólo puedo divertirme y nada más. Nunca llego a hablar con ellos más que de vulgaridades, inclusive con una de mis amigas, porque nos es imposible hacernos más íntimas; ahí está la dificultad. Esa falta de confianza es quizá mi verdadero defecto. De cualquier modo, me encuentro ante un hecho cumplido, y es bastante lastimoso no poder ignorarlo. De ahí la razón de este Diario. A fin de evocar mejor la imagen que me forjo de una amiga largamente esperada, no quiero limitarme a simples hechos, como tantos hacen, sino que deseo que este Diario personifique a la Amiga. Y esta amiga se llamará Kitty. Kitty lo ignora aún todo de mí. Necesito, pues, contar brevemente la historia de mi vida. Mi padre tenía ya treinta y seis años cuando se casó con mi madre, que tenía veinticinco. Mi hermana Margot nació en 1926, en Francfort del Meno. Y yo el 12 de junio de 1929. Siendo judíos cien por ciento, emigramos a Holanda en 1933, donde mi padre fue nombrado director de la Travies N. V., firma asociada con Kolen & Cía., de Amsterdam. El mismo edificio albergaba a las dos sociedades, de las que mi padre era accionista.

Desde luego, la vida no estaba exenta de emociones para nosotros, pues el resto de nuestra familia se hallaba todavía defendiéndose de las medidas hitleristas contra los judíos. A raíz de las persecuciones de 1938, mis tíos maternos huyeron y llegaron sanos y salvos a los Estados Unidos. Mi abuelo, entonces de setenta y tres años, se reunió con nosotros. Después de 1940, nuestra buena época iba a terminar rápidamente: ante todo la guerra, la capitulación, y la invasión de los alemanes llevándonos a la miseria. Disposición tras disposición contra los judíos. Los judíos obligados a llevar estrella, a ceder sus bicicletas. Prohibición para los judíos de subir a un tranvía, de conducir un coche. Obligación para los judíos de hacer sus compras exclusivamente en los establecimientos marcados con el letrero de "negocio judío", y de quince a diecisiete horas solamente. Prohibición para los judíos de salir después de las ocho de la noche, ni siquiera a sus jardines, o aun de permanecer en casa de sus amigos. Prohibición para los judíos de ejercitarse en todo deporte público: prohibido el acceso a la piscina, a la cancha de tenis y de hockey o a otros lugares de entrenamiento. Prohibición para los judíos de frecuentar a los cristianos. Obligación para los judíos de ir a escuelas judías, y muchas otras restricciones semejantes. Así seguimos tirando, sin hacer esto, sin hacer aquello. Jopie me dice siempre: "No me atrevo a hacer nada, de miedo a que esté prohibido". Nuestra libertad, pues, está muy restringida; con todo, la vida es aún soportable.

Mi abuela murió en enero de 1942. Nadie sabe cuánto pienso en ella y cuánto la quiero aún. Yo estaba en la escuela de Montessori desde el jardín de infantes, es decir, desde 1934. En 6º B tuve como maestra a la directora, la señora K. Al terminar el año, fueron adioses desgarradores, lloramos las dos. En 1941, mi hermana Margot y yo entramos en el liceo judío. Nuestra pequeña familia de cuatro no tiene todavía mucho de qué quejarse, y así llego a la fecha de hoy.

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Sábado 20 de junio de 1942

Querida Kitty:

Estoy bien dispuesta: hace buen tiempo y la calma reina, pues papá y mamá han salido y Margot ha ido a jugar al ping-pong con otros compañeros a casa de una amiga. Yo también juego mucho al ping-pong en estos últimos tiempos. Como todos los jugadores a mi alrededor adoran los helados, sobre todo en verano cuando el ping-pong hace sudar a cualquiera, el partido termina generalmente con una visita a la confitería más cercana y permitida a los judíos, Delphes o el Oasis. No es menester pensar en el dinero; hay tanta gente en el Oasis, que siempre se encuentra un caballero o un admirador de nuestro círculo de amigos para brindarnos más helados de los que podríamos ingerir en una semana.

Debe sorprenderte el oírme hablar, a mi edad, de admiradores. ¡Ay! Habrá que creer que es un mal inevitable en nuestra escuela. Tan pronto como un compañero me propone acompañarme a casa en bicicleta, se entabla la conversación y, nueve de cada diez veces, se trata de un muchacho que tiene la costumbre emponzoñante de transformarse todo fuego, todo llama; ya no deja de mirarme. Al cabo de un momento, el arrebato comienza a disminuir, por la buena razón de que yo no presto demasiada atención a las miradas ardientes y que sigo pedaleando a toda velocidad. Si, por casualidad, empieza con rodeos mientras habla de "pedir permiso a su papá", yo me balanceo un poco sobre mi bicicleta, se cae mi cartera, el muchacho está obligado a bajarse para recogerla, tras lo cual me ingenio para cambiar en seguida de conversación. Este es un ejemplo de los más inocentes. Hay, naturalmente, los que me envían besos o tratan de apoderarse de mi brazo, pero esos equivocan el camino. Bajo diciendo que puedo pasarme sin su compañía, o bien me doy por ofendida, rogándoles claramente que se vuelvan.

Dicho esto, la base de nuestra amistad queda establecida. Hasta mañana.
Tuya. Ana.




Ana Frank fue una niña judía alemana, que dejó constancia en su diario (al que llamó Kitty) de sus experiencias en un escondrijo o desván construido en un edificio de oficinas, mientras se ocultaba con su familia de los nazis en Ámsterdam durante la Segunda Guerra Mundial. Su familia fue capturada y llevada a distintos campos de concentración alemanes, donde morirían todos salvo su padre. Ana fue enviada al campo de concentración de Auschwitz en 1944 y, más tarde, al campo de concentración de Bergen-Belsen. Murió allí de fiebre tifoidea en 1945.

06 octubre 2009

Cartas de José Martínez Ruiz "Azorín"




A Mariano Baquero Goyanes, Catedrático de Literatura Española en la Universidad de Murcia.



Madrid, 1º de agosto 1952

Sr. D. Mariano Baquero Goyanes.

Mi distinguido amigo: muchísimas gracias; su estudio en Clavileño, es magistral; lo he leído con emoción. Se ha notado siempre que la lengua Española tiene, como rasgo esencial, la sonoridad. «Música en precisión» me parece la fórmula deseable. Y creo que se llega a esa fórmula, más que deliberadamente, por instinto. La lectura de los clásicos -sobre todo, en la infancia, en la adolescencia-, ayudará siempre a quien intente la conciliación.

Leí, complacidísimo, su ensayo sobre la novela de Clarín. Abundando en las ideas de usted, me parece que su único hijo representa el tránsito del realismo de las cosas -que se da en La Regenta- al realismo del espíritu, o sea, la psicología pura. Clarín, desde ese punto, irá avanzando hasta llegar al estado que tanto irritó a González Serrano. Y bien despiadadamente: En la muerte de Clarín, que había prologado un libro del irritado.

Salúdole con viva cordialidad.

Azorín

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A Vicente Blasco Ibáñez


Madrid, 27 marzo 1918

Querido Blasco Ibáñez: ¡Cómo le envidio a usted! Dejé de ser subsecretario; pero sigo en la altiplanicie madrileña, a 650 metros sobre el nivel del mar. ¡Y usted frente al Mediterráneo!

Pienso ir a Francia; amigos queridos que tengo en esa gran nación lo desean; yo tengo ya necesidad de contemplar ese paisaje y de revolver en las librerías repletas de volúmenes nuevos.

Leí su novela; sintiendo yo el amor que siento, por nuestro mar, no hay que decir si me habrán encantado esas páginas.

En mi libro El Paisaje de España visto por los españoles, hablo de usted.

Un cordial abrazo de su amigo

Azorín

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A Gregorio Marañón


Madrid, 16 mayo 1953

Sr. Dr. D. Gregorio Marañón:

Mi querido Doctor: muchas gracias; su voto es de calidad. Creo que el siglo XVI es fundamental en nuestro idioma. En el siglo XVI el idioma está más cerca de la Naturaleza que en el XVII. Cervantes –nacido en 1547- pertenece al siglo XVI. De “los tres grandes” –Cervantes, Lope y Quevedo- Cervantes es el más naturalista. Perdóneme usted: hablar del idioma es hablar de la mar.

Siempre queriéndole y admirándole,

Azorín.

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A Ramón Martínez Ruíz (Hermano de Azorín. Médico)


Yecla, 20 marzo 1901

Querido Ramón: estoy en Yecla desde el día 14; Pio Baroja -no es seudonimo- me ha prometido venir para Semana Santa, y si viene le esperaré aquí y luego iremos al Collado y a Monóvar.

Si puedes, compra algunas placas para que saquemos algunas fotografías.
No te mando La fuerza del amor porque la llevaré a Monóvar. La Iglesia Española no se ha publicado.


Tu hermano,

Pepe

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A Gabriel Miró, escritor


Madrid, 4 abril 1912

Querido amigo Miró:

Gracias cordialísimas por su carta. Me encantó su libro: me interesa vivamente cuanto usted hace. Personalidad relevante hay en su estilo y en su vivir. Me propuso hacer algo sobre la novela; pero no se mandó. La actualidad no para; siempre es tiempo para hablar de un bello libro.
Le quiere cordialmente,

J. Martínez Ruiz.

Azorín

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Madrid, 17 febrero 1927

Querido Miró: desde lejos -desde lejos en el espacio ideal- le contemplo a usted alguna vez. Usted puede llevar una vida serena, apartada; yo estoy condenado, amando la espiritualidad, a la vorágine y al torbellino. Alegre o triste -triste casi siempre- he de salir todas las noches a la pista del circo.

¡Y he de poner ante la muchedumbre la cara jovial! ¿El premio de la Academia? Algo más deseo para usted; si ese algo le satisface. Yo ya estoy de vuelta de tales vanaglorias. Le admira y abraza

Azorín

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Madrid, 24 mayo 1929

Querido Miró: muchas gracias por su bondadosa felicitación. No celebro mi santo; me asomo un momento al abismo del tiempo en que hay ya tantos seres queridos –deudos y maestros- y siento una profunda emoción. Y nada más.

Defiendo a la juventud por razones estéticas, sociales y biológicas; estas últimas son las más poderosas; cuanto más avance en los años, me aferraré más a lo nuevo; esa estribación es la razón suprema -para mí- del vivir. Y abandonaré a esta juventud, en cuanto salga otra, si llego a vivir tanto.
El 26 es el pranzo -en latín- o banquete a Jarnés; mucho gusto tendríamos en verle a usted por allí; creo que debe usted asistir. Yo hace tiempo que he tomado la resolución de no ir a ninguna comida ni enviar adhesión; pero este es un caso excepcional.

Cordialmente suyo,

Azorín

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Madrid, 4 julio 1927

Querido Miró: muchas gracias por su cariñoso telegrama. La compañía de usted ha sido para mí gratísima. Y provechosa, psicológicamente. Aquí se ha visto en al acto de Monóvar una corroboración de mi actitud en la Academia. Y eso es lo cierto. El proceso de este asunto será lento; pero interesante; nos vamos a divertir un poco. No se pueden hacer ciertas cosas impunemente y con vitanda reiteración. Y podremos transigir en lo secundario y adjetivo -ese es un deber social inexcusable- pero nunca en aquello que atañe a la honda justicia que es norma de los seres civilizados. Esa es una cuestión de innata delicadeza, y no se puede discutir…

Con un abrazo cordialísimo,

Azorín

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A José Ortega y Gasset


Monóvar, 11 septiembre 1906

Amigo Ortega y Gasset: Perdone usted que antes no haya contestado a su carta; he estado en Mallorca, luego en Alicante y después en algunos pueblos de la provincia.
En efecto, tengo algunos motivos de resquemor con ABC; pero éstos son leves y fácilmente componibles; lo que sospecho que no tendrá compostura será el estado económico de tal periódico. Ahora bien, entre El Imparcial y el ABC, ¿puede caber duda ninguna en cuanto a la elección? ¿No podría yo hacer en el primero de dichos periódicos la próxima campaña parlamentaria? Las condiciones a que usted alude, ¿cuáles son?

Todos estos problemas por carta es difícil elucidarlos; mejor será que esperemos a mi regreso y nos entenderemos de viva voz. A últimos del presente septiembre pienso estar en esa; si usted ha de ir a ver a sus tudescos antes, yo puedo adelantar mi viaje.

Leo sus artículos de los Lunes y me gustan mucho; hondura y buen gusto hay en ellos (no lo tome usted como correspondencia cortés a cierto almíbar que encontré en uno de ellos); los Lunes marchan bien y si se hace la nueva serie de Españoles pintados por sí mismos, yo tengo ya echado el ojo a dos tipos importantísimos en la República y que desempeñan misiones trascendentales: el Muñidor y el Morenero (justo es que los escribamos con mayúscula).
No le canso más; páselo usted bien y aquí me tiene a su devoción hasta la fecha indicada. Muy suyo,

Azorín

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A José Ruiz Castillo, editor de Biblioteca Nueva.


Madrid, 23 junio 1929

Querido Ruiz Castillo: me escribe el Sr. Cruz Rueda a propósito del libro de Werner Mulertt; le contesto diciéndole que la época veraniega no es propicia para la publicación de libros y que esperen al otoño.

Tengo preparado el original de La bolita de marfil para cuando llegue el momento.
La Compañía Iberoamericana imprimirá todos los libros míos que tiene Caro Raggio; esos libros no podían interesar a usted. Si usted hubiera elegido alguno seguramente hubiera sido La ruta de D. Quijote, o Castilla o Los Pueblos; pero al adquirir la Compañía la editorial Renacimiento, esos libros y bastantes otros pasan a ser propiedad de la Compañía. Podía usted haberse fijado en otros editados solo por Caro, como Don Juan; pero también de esos no hubiera podido usted disponer; por la sencilla razón de que están sujetos a contratos especiales, y caducado como está el contrato general, esos contratos separados subsisten, y no había medio de rescatar esos libros sino habiendo una edición de Obras Completas, que es lo que va a hacer la Compañía. He tomado esta resolución respecto de Caro Raggio, por que no puedo resignarme a que los treinta y siete volúmenes que el tiene míos, no me produzcan nada; todas esas obras las tiene Caro inactivas, muertas, y eso no es justo. Usted durante los cinco años de nuestros contrato, además de las obras inéditas que escriba yo, podía haber editado alguna de esas obras de Caro; pero las que están disponibles son cosas de crítica literaria y ensayos. Aparte de que durante ese tiempo tendrían que seguir todos los libros en la inacción en que vienen estando por falta de interés de Caro Raggio.

Cordialmente suyo,

Azorín

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A Miguel de Unamuno


Madrid, 22 marzo 1929

Mí querido D. Miguel:

Recibí a su debido tiempo las hermosas canciones, me han conmovido profundamente, todo el espíritu de nuestra España está en esos versos. Sobre todo, en los que usted tiene la bondad de dedicarme. También en los que se habla de Cervantes y de la gran abulense. No sé lo que me sucede, parece que la vejez debiera de amortiguar la sensibilidad, y yo cada vez me siento más sensible, ahora cualquier detalle, cualquier incidente, me producen profunda emoción, cosas que antes me eran indiferentes, me causan íntima tristeza. Y esos versos de usted me han puesto en un estado de sentimentalidad y de melancolía indecibles. Esos versos con las consiguientes asociaciones de ideas.

Copia de las canciones he mandado a Castro; supongo que le escribirá a usted. Y nada más.

Siempre queriéndole y admirándole,

Azorín





Azorín (1873-1967), cuyo verdadero nombre era José Martínez Ruiz, fue un escritor español, además de novelista, ensayista, y de ser el crítico literario español más importante de su tiempo. Trabajó activamente en política durante los primeros años de su carrera. El tema dominante de sus escritos es la eternidad y la continuidad, simbolizadas en las costumbres ancestrales de los campesinos. Fue el máximo representante de la Generación del 98, movimiento literario que él definió, conceptualizó y defendió. Estas cartas han sido extraídas del Tomo III de las "Obras Escogidas", de Azorín, de Espasa Calpe, 1998

Cartas de Leonardo da Vinci




A Hipólito, Cardenal de Este (hijo de Lucrecia de Borgia y de Alfonso d'Este)


Muy ilustre y reverendo Señor: Hace pocos días que he llegado a Milán, y me encuentro con que un hermano mío se niega a ejecutar el testamento hecho por mi padre, tres años ha, poco antes de su muerte; y, aunque todo el derecho está de mi parte, no he querido faltar a mí mismo en cosa que considero importante, omitiendo pedir a Vuestra Reverenda Señoría una carta de recomendación y protección para el señor Rafael Girolami, que es uno de los altos y poderosos señores, ante quienes se ventila este asunto, y que está, además, especialmente encargado por Su Excelencia el Gonfalonero de ocuparse de dicha causa, la cual será decidida y terminada para la próxima fiesta de todos los Santos. Por eso es por lo que, Monseñor, ruego con todas mis fuerzas a Vuestra reverenda Señoría, quiera escribir una carta al mencionado señor Rafael con los giros hábiles y afectuosos que sabrá encontrar Vuestra Señoría, para recomendarle a Leonardo Vincio, apasionado servidor de Vuestra Señoría, como soy y pretendo ser siempre, a fin de que no sólo me haga justicia, sino que pronuncie una decisión en mi favor. Y no dudo que, de acuerdo con los numerosos informes que tengo, el señor Rafael -muy afecto a Vuestra Señoría- enderezará las cosas según mis votos, lo que yo atribuiré a la carta de Vuestra reverenda Señoría, a quien presento mi respeto. Et bene valeas.

Florencia, 18 de septiembre de 1507.

Leonardus Vincius, pintor.

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A Julián De Medici. (hacia 1514)


Me he alegrado tanto, Ilustrísimo Señor mío, del restablecimiento tan deseado de vuestra salud, que me he sentido libre casi de mi propio mal. Siento de veras no haber podido satisfacer el pedido de Vuestra Excelencia, referente a aquel mentiroso alemán, por culpa de su maldad; a pesar de no haber omitido cosa alguna que, a mi juicio, le hubiera sido agradable. Lo invité a vivir en mi casa con el fin de observar continuamente su trabajo y de poder corregir sus errores. Quería además que aprendiera la lengua italiana y pudiera hacerse entender sin intérprete. Se le pagó siempre su salario por anticipado. Pretendió después tener los modelos en madera de los trabajos en hierro, y llevárselos a su país. A ello me negué, diciéndole que le daría en dibujo el ancho, largo y espesor, así como la forma de lo que tendría que hacer: esto fue causa de que al fin quedáramos en malos términos.

El segundo incidente consistió en que, habiéndose establecido con tienda aparte, provisto de banco e instrumentos, dormía en ella y trabajaba para otros; iba después a comer con los suizos de la guardia, gente holgazana, y que por eso se entendían bien con él. Y frecuentemente salían de a dos o tres, armados de escopetas, a cazar pájaros en los viejos monumentos, y no volvían hasta la noche.

Y cuando yo mandaba a Lorenzo para rogarle que trabajara, contestaba, enojado, que no quería obedecer a tantos patronos y que sólo tenía que ocuparse de los armarios de Vuestra Excelencia. Pasaron así dos meses, sin variación, hasta que, habiéndome encontrado con Gian Niccolo, de la guardarropa, le pregunté si el alemán había terminado los encargos del Magnífico; a lo que me contestó que sólo se le había dado a limpiar dos escopetas. Después, y tras otros pedidos de mi parte, abandonó su tienda y empezó a trabajar en su habitación, perdiendo bastante tiempo en fabricarse un nuevo torno, limas e instrumentos de tomillo, así como devanaderas para seda, las cuales escondía al llegar alguno de mi gente, pronunciando recriminaciones y juramentos: de modo que ninguno de mis criados se atrevía a entrar.

Al fin he descubierto que este maestro Juan de los Espejos había hecho todo esto por dos razones: primero, porque pensó que mi venida aquí lo ha privado de la relación y el favor de Vuestra Señoría; y segundo, porque dice que su nueva habitación le conviene para trabajar los espejos con mis criados, que ha convertido en enemigos míos y a quienes ha inducido a dejarle su taller donde fabrica, con otros obreros, muchos espejos que manda vender en las ferias.

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Fragmento de una carta a uno de sus hermanos.


Mi queridísimo hermano: Sólo para decirte que hace muy pocos días me llegó una carta tuya, por la que veo que has recibido una herencia, lo que te ha causado extraordinaria alegría. Y esto me demuestra cuán equivocado estaba al juzgarte hombre prudente, pues te regocijas de haberte procurado un encarnizado enemigo que pondrá todo su empeño en privarte de la libertad, y que sólo con tu muerte...

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Fragmento de una carta a su madrastra (Lucrezia Cortigiani), y a sus hermanas (Violante y Margarita).



En el nombre de Dios, el día 5 de julio de 1507. Mi querida y amada madre, hermanas y cuñado:

Quiero haceros saber que, gracias a Dios, me encuentro sano. Espero que os pase lo mismo. Os recuerdo que dejé una espada en vuestra casa, y os diré lo que habéis de hacer con ella: llevadla a la Piazza delli Strozzi, en lo de Maso delle Viole, que me la guardará. (Esto me interesa mucho.) También os recomiendo mis vestidos. Os pido que, en mi nombre, tratéis con bondad a Deyanira (¿joven sobrina de Leonardo?), para que no piense que la he olvidado. Saludad por mí a Petro, mi cuñado, avisándole que permaneceré aquí hasta fines de septiembre; ...que me trasladaré luego rápidamente ahí y me ocuparé de su asunto en forma que le satisfaga.









Leonardo di Ser Piero da Vinci (1452–1519) fue un artista florentino y uno de los grandes maestros del renacimiento, famoso como pintor, escultor, arquitecto, ingeniero y científico. Su profundo amor por el conocimiento y la investigación fue la clave tanto de su comportamiento artístico como científico. Sus innovaciones en el campo de la pintura determinaron la evolución del arte italiano durante más de un siglo después de su muerte, y sus investigaciones científicas —sobre todo en las áreas de anatomía, óptica e hidráulica— anticiparon muchos de los avances de la ciencia moderna.

Carta de un español a Murat

Carta enviada por Angela M. R (Madrid). Gracias por tu colaboración.




Murat, aunque ignoras nuestra lengua; oye por un momento al que habla, y te asegura con verdad, que á un traydor dos alevosos, y á un picaro, pícaro y medio. Tu y tu cuñado Bonaparte sois lobos de una camada, y pensasteis deborarnos, sin ver de ante mano donde os metiais olvidando aquel consejo, antes que te cases, mira lo que haces; antes de venir á España, debistes mirar despacio, á donde y como venias, bien que el mas diestro la yerra, y el mas avisado cae, y aunque has caido de tu burra, apeándote por las orejas, haces de la necesidad virtud, y de tripas corazón; Napoleón mirando que á la ocasión la pintan calva, y que está hace al ladron, se ha aprovechado de ella, pensando que á rio rebuelto, ganancia de pescadores; pero se ha engañado como tú, sin saber de la misa la media, sin reflexionar que todos los tiempos, no son unos, por lo que ambos podéis decir con verdad, nuestro gozo, en un pozo; tu y tu honrado Cuñado, conquistareis á España quando la rana tenga pelos, bien que confiados en otras conquistas, por aquello de que, quien hace un cesto, hará ciento, y que quien acomete vence, estabais muy persuadidos, que la cosa seria á pedir de voca, pero no mirasteis que quien todo lo quiere, todo lo pierde: Tú en las dulzuras y quietud de tu sueño mirabas este Reyno, y que de él se disponia, como el que juega a pares y nones, pero soñaba el ciego que veía, y soñaba lo que quería; ya te parecía á tí que lo señoreabas, por dallarte en la Corte de Madrid, mas te ha salido errada la cuenta, y has hallado orma á tu zapato, con los Africanos de la otra parte de acá de los Pirineos como tú y los tuyos nos nombráis: ya tocas por experiencia lo que eres, y lo que somos los Españoles, y que á cada puerco le llega su San Martin, como te lo aseguran sin duda alguna desde Zaragoza, Burgos, Andujar, y Valencia, los Generales Lefébre, Bessiers, Dupon, y Moncei, diciendote, al primer tapón zurrapas, y la primera, y en tierra; asi quando la barba de tu vecino veas pelar hecha la tuya á remojar: mediante á que tu Cuñado sin respeto á Dios, ni a los hombres, te envió á Madrid, y hallándote á su vista, dixistes, méteme aqui que llueve; aquí me las den todas, que al fin se canta la gloria; pero aun te falta el rabo por desollar, y mas si consideras que los Españoles, se miran unos á otros de hito en hito, al oir, Huespedes vendrán que de casa nos echarán; pero lo que piensa el moro, piensa el christiano, y si donde las dan las toman, conoce ya, que has venido por lana, y que vuelves trasquilado, porque queriendo ser buen Ginete, no reflexionaste que no hay hombre cuerdo á caballo, y según tus Cirujanos has quedado á la luna de Valencia , como el Gallo de morón, cacareando, y sin pluma; todo esto te sucede, por que quien adelante no mira, atrás se queda, habiéndote olvidado, de que no hace tanto la zorra en un año, como paga en un quarto de hora; y aunque oigas que los Españoles digan, Santiago y á ellos; confiate en la madre de Dios y no corras, seguro de que con la muerte todo se acaba; y que este es el único recurso que te queda, para que digas con razón, después de muerto, ni viña ni huerto; por lo que todos, todos á una voz decimos, quien tal hizo que tal pague: Asi te lo asegura, el mejor Escudero que tuvo la España, que al ver las turbulencias de su patria, se ha levantado de sepulcro, para decirte, aquí dio fin, mi hijo Chispin.

El Gobernador Sancho Panza que fué de la ínsula Barataría.







Carta que un español dirigió a Murat, hallada entre varios papeles que dejaron en Madrid los franceses, en su precipitada fuga. Se ha respetado la puntuación original y como se puede ver, contiene un elevado número de dichos y refranes españoles. La carta está impresa en Madrid, en la Imprenta de Ruiz, en el año 1808.

19 septiembre 2009

Cartas de Jean Paul Sartre a Simone de Beauvoir


2 de enero de 1940

Mi querido Castor

Hoy, una cartita suya, del 29. ¡Oh, cuánto tiempo hace, pequeña mía!, nosotros, los soldados, estamos a 2. Pero da gusto el aire presumido que tiene usted sobre sus esquís. En suma, todos los años es igual, grandes progresos y una buena diversión tras alguna plancha al comienzo. Me encanta oírla hablar de todas esas bajadas que conozco. Comprendo tan bien cuando me dice que con la nieve fresca son más fáciles y con el hielo tremendamente difíciles. Estoy todo el tiempo con usted. Apenas sí me puedo figurar que esta carta, la que le estoy escribiendo, la alcanzará en París. Piense que mañana recibiré todavía una —o dos, espero— de Megève, me suena raro. Usted está aún en Megève, y yo le escribo a París, donde usted no está, y a donde llegará sin embargo al mismo tiempo que esta carta. Y el 4 la encontrará usted en París y yo todavía estaré recibiendo cartas de Megève. Me recuerda —ribete siniestro aparte— aquella historia de mi tía Marie Hirsch cuando perdió a su hijo, alférez de navío, muerto en Shangai en un accidente; supo de su muerte por un telegrama y un mes después recibió una carta en que él le contaba lo feliz que era —debe haber muerto esa misma noche—. Siempre estoy temiendo que, mientras yo disfruto leyendo su carta, se haya roto usted sus pobres piernitas. Es un temor ligerísimo pero, en cambio, no se imagina lo placentero que resulta saberla tan intensamente feliz, hoy quedé deslumbrado. Respecto del permiso, habrá que tener paciencia, se ha distanciado un poquitín —no más allá del 20 de enero— como finalmente dijimos. Pero qué son veinte días. Lo importante es que antes de un mes estaré en París.
Tania me ha enviado El monje, del que se ha prendado, naturalmente: hay violación, satanismo y lúbricos monjes, y en segundo plano surrealismo, con la figura de Artaud que la fascina un poco desde que lo vio loco. Tania posee, al lado de una real fuerza de sensación, un curioso demonismo de pacotilla solamente aparente (¿por qué su atracción por la sangre si no soporta verla? ¿por qué las violaciones, si se desmayaría en cuanto un tipo le demostrara su deseo con alguna brutalidad?), y sin embargo profundo. No sé cómo decirlo. En cualquier caso, estuve hojeando El monje y me decepcionó un poco. Se nota la mano3 de Artaud pero ni con eso se salva. Y además los horrores me parecieron muy intelectuales, a la manera surrealista. Con todo, tendré que decirle que es espléndido. En cambio, El diablo enamorado que también me envió, pero sin cortarlo siquiera, es una auténtica joyita, lo leí esta tarde de un tirón. Este tipo narra que es una maravilla, tiene ya muchos recursos para el siglo XVIII y hay una criatura singular: una muchacha deliciosa llena de pudores y de encantos que es el Diablo, o sea, un horrendo monstruo con cabeza de camello. Y el héroe se acuesta estupendamente con la chica. Todo se prepara a fuerza de coqueterías, de lánguida modestia, la muchacha provoca al lector tanto como a Don Álvaro y, una vez que lo tiene en sus brazos, le dice con tierno gesto de pasión: «Soy el Diablo, Álvaro, soy el Diablo». Se lo enviaré pero antes tiene que leerlo Mistler.

Doy los últimos toques a la novela —el final— y estoy sintiéndome un poquitín hastiado. Es que me asalta otra vez el deseo de escribir teatro. Al final no sé lo que haré y es bastante gracioso, estoy de lo más excitado, he recobrado mi libertad. Cuando esté en París, cogeré todos los Paris-Soir de septiembre del 38 para documentarme.

Al margen de esto, calma chicha: desayuno en el Café de la Gare, donde Mistler se reúne ahora conmigo, lo cual me causa tan sólo un placer moderado, trabajo, sondeo, almuerzo en el Café de la Gare, donde Courcy se reúne conmigo para el café, lo cual me resulta francamente desagradable, vuelta al trabajo pero remoloneando, suena a final y a querencia. Después ayuné. Mistler vino un rato a que le diera una lista de libros (incluí Faulkner y Dos Passos). Me hallaba de excelente humor. Estoy solo con Keller porque Paul tiene un agujero en el pantalón y prefiere coserlo en su dormitorio a -5° y no delante de nosotros al calor, por pudor o más bien por una vergüenza muy rara (en suma inmerecida) de su cuerpo.

Amor mío, tendrá que enviarme dinero, estoy viviendo con 100 francos prestados. Mañana le envío libros (Kierkegaard y Shakespeare). Todos los demás (y hay bastantes) suman dos paquetes que Mistler ha preparado esmeradamente, que llevan la dirección de Bost y que mandaré en cuanto tenga dinero. Reserve los 1.500 francos para mi permiso y aparte un poco para su viajecito de febrero.

Cuánto la quiero, mi dulce pequeña, tengo muchas ganas de verla. Beso toda su querida carita.

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16 de enero de 1940

Mi querido Castor

Hoy le escribo más temprano porque no he tenido nada que hacer en todo el día (cielo cubierto, no hubo sondeos) y he podido trabajar bien. Primero edificando esta pequeña teoría de la Nada que seguramente ha de despertar su admiración porque 1.° suprime el recurso de Husserl a la ulê, 2.° explica la unicidad del mundo para la pluralidad de las conciencias, 3.° permite trascender de veras el realismo y el idealismo. Todo esto está muy bien, pero no se lo explico porque quisiera que asistiese usted a su nacimiento, tal como se fue dando en los cuadernos; se divertirá. Después, harto de correr en pos de un tema grandioso que se estaba haciendo de rogar, he vuelto modesta y juiciosamente a la novela. Quedaba por escribir un capítulo sobre Boris y lo he comenzado. En el fondo, ¿por qué no retomar y refundir ahora mi novela? Aún estoy de lo más caliente y no obstante lo suficientemente distanciado de los primeros capítulos como para reparar en sus defectos. Entonces le propongo lo siguiente: ¿qué le parece escribir a la dama para que envíe el manuscrito por correo certificado? (O tal vez alguien de La Pouèze viaje a París y pueda llevarlo, ocho días no son mucho.) Y entonces podría hacerlo mecanografiar, en 2 ejemplares, y yo me traeré uno al volver del permiso. O bien, si mecanografiarlo le parece muy caro, me traeré el manuscrito aquí: nuestra vida es tan sedentaria que no correría mayor peligro. ¿Qué opina de esto? Si está de acuerdo, escríbale a la dama cuando le apetezca. De lo contrario, presénteme sus objeciones. En una palabra, he escrito sobre Boris y está saliendo bien, creo que gustará. Y además he leído a Heidegger y comenzado Mientras agonizo. (Envíeme los libros, mi amor, los de Romains, Gilles y, si no está demasiado escasa de dinero, podría incluir una o dos sorpresitas de entre los títulos de la lista. Gracias amable pequeña por su ofrecimiento de vituallas. Justamente he recibido un paquete de mi buena madre y además, si las necesitara, aquí hay.) He recibido una carta suya: esperaba dos, pues ayer no me llegó nada. Era la del sábado.

Mi querida pequeña, entiendo muy bien que pueda sentirse de lo más seca sin dejar de ser feliz, y cómo ésta puede ser una manera de echarme de menos. Yo siento lo mismo. Finalmente nos hemos curtido, y están también todos esos pequeños fastidios (permisos suspendidos, etc.) a los que hay que oponer un rostro impasible, entonces uno se siente seco por dentro pero de una sequedad un tanto acongojada. También yo, amor mío, quisiera sentir mi cuello rodeado por sus bracitos y besarla y hablarle. Por fortuna están estas cartas, de lo contrario no tendría nadie a quien contarle lo que me interesa. Observe que digo esto con el mejor de los humores: tengo las cartas y tengo el cuaderno —y he olvidado un poco, por suerte para mí, lo que es tener cerca ya no digo a usted, sino a alguien que se interese por lo que uno piensa y siente y que pueda comprenderlo. Lo he olvidado igual que la existencia de las tortillas, y no tengo necesidad consciente de ello, me alegra escribir mis pequeñas ideas en el cuaderno y pienso que usted las leerá. Pero hay esto, la contrapartida es que estoy seco. No con usted, amor mío, entiéndame bien. Oh, no, recuerdo multitud de caritas que usted pone y me emociono. Sino ante cosas, gentes, paisajes y también ante lo que escribo; en otro tiempo, una especie de emoción se colaba un poco con la tinta por la pluma de mi estilográfica cuando escuchaba a Johnny Palmer en el Café des Trois Mousquetaires mientras escribía mi novela —y no puedo decir que ella me inspiraba directamente tal palabra o tal frase (aunque hasta sería posible) pero sí que me aportaba simpatía hacia mis personajes. Ahora, en cambio, todo es más conceptual. Veo lo que ellos tienen que pensar y hacer, pero con frialdad. Tengo curiosidad por saber (muy pronto me lo dirá) si la novela cambia con ello, si eso le quita una especie de densidad o no: es en cierto modo una experiencia crucial sobre el embuste que hay en los libros.

Con respecto a los judíos, verá usted, no me ha convencido. Usted escribe: en tal caso (si asumirse como judío consistiera en reclamar derechos para los judíos por ser judíos) asumirse como francés significaría hacerse chauvinista. Pues no. La expresión: derechos, que habré utilizado erróneamente y deprisa, la ha desorientado. El problema es el siguiente: el asumirse como judío, ¿es algo que apunte a la supresión ulterior de la raza y representación colectiva «judío»? (en este caso, la asunción se cumpliría teniendo en cuenta la historicidad inmediata del individuo, como por ejemplo asumirse burgués para suprimir a la clase burguesa, sabiendo perfectamente que, aun cuando uno ayude a suprimirla, lo hará como burgués y seguirá siendo un ex después de su supresión —sólo que luego no habrá más burgueses—) o bien cabe asimismo la posibilidad de que al asumirse como judío uno le reconozca al judaismo un valor cultural y humano, en cuyo caso el principio inspirador de la lucha contra el antisemitismo no sería el hecho de que el judío es un hombre, sino en rigor el de que es judío. Y, naturalmente, no debería uno detenerse en su judería. Pero toda asunción es superación hacia el hombre, se lo explicaré. No concluyo nada ni me corresponde concluir, pero las dos actitudes me parecen igualmente posibles.

Hasta pronto, dulce pequeña, mi pequeña querida. Aquí tiene una carta bien larga y ni siquiera le he contado mi vida. Pero es que no hay nada que decir. Usted vive por mí. Hasta mañana, mi pequeña flor, la aprieto muy fuerte entre mis brazos.

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Miércoles [finales de 1943]

Mi querido Castor

Son las tres y veinticinco, estoy en el Flore, escribo esmeradamente. ¿Así que es usted metteuse en ondes? ¿Qué es eso? Nadie ha podido explicármelo con exactitud. Hoy le hace usted puñetas a las ondas; se desliza en vertical, de arriba abajo. He pensado mucho en usted, en el viaje, en la llegada, me acuerdo de un montón de llegadas, por la mañana: una a Saint-Gervais. Sin embargo la envidio un poco. Lo principal es que se divierta.

El lunes encontré a una Tania siniestra, ignora por qué «c’est bien la pire peine, de ne savoir pourquoi, sans amour et sans haine, mon cœur a tant de peine»; lágrimas, quejidos, manos retorcidas, largos silencios, yo estaba furibundo. Al final, vino Zuorro unos cinco minutos trayendo un paquete de té. El té gustó, dio suficientes fuerzas como para conciliar el sueño. Ayer por la mañana trabajé y almorcé en casa de mis padres. Luego trabajé en el Flore de tres a cinco y media y después acompañé a Roy, que está loco de atar, a casa de Morgan. De ahí a casa de Tania quien, a los dos minutos de mi llegada, sollozaba y pataleaba en su cama gritando: «Telefonea al teatro que no iré». Ignoro el motivo de este aguacero, pero conozco su causa: había ingerido ocho sellos de ortedrina. Uno o dos alegran, con tres se pone uno soñador; con ocho, imagínese. Me negué a telefonear e hice un poco de ruido. Finalmente la acompañé, en el metro, donde gritaba y lloraba a chorros, como si sus ojos fuesen dos aortas seccionadas. Me hizo prometer que no reaparecería por la sala de la Cité «porque si te veo, grito, y me tiro del escenario». No le daba a ello demasiada importancia, fui a trabajar al Flore, bien, hasta las 9, pero a las 9, Vitsoris y una amiga vinieron a darme la lata. A las 9 y media estaba con Dullin, a quien encontré en su camerino de Júpiter, frío como lluvia de octubre, lacónico, quejándose de su soledad. Reí y parloteé como si no me diera cuenta de nada. Me marché en el momento en que empezaba a soltarse, prometiendo volver el martes próximo. Es que Nino Franck merodeaba por los bastidores preguntando por el camerino de Olga Dominique. Hablamos, está muy contento con ella, dice que lo de Typhus puede andar muy bien y que el viernes me hablará del asunto. La tendré al corriente. A las diez vi llegar a Tania, sonriente y alegre, había interpretado con alma el papel de la joven. La acompañé en el metro con una Zazoulich que lloraba a lágrima viva porque había actuado mal (decía) y en la sala estaba Cuny. Lo cual no impidió que Cuny fuera a su camerino a decirle que estaba planeando trabajar con ella (sólo que falta dinero). Me prestó una pipa de Bost porque la mía se me rompió, esa bonita que parecía un chupete. Me quedé cinco minutos con Tania, justo el tiempo de que sollozara un poco sobre su suerte. «¡Vivo con tanta comodidad, ji, ji! —lloriqueaba—. ¡Y tengo todo lo que quiero, ji, ji! ¡Y tengo dinero y voy a actuar! Será que va a pasarme algo horrible para que me sienta tan siniestra en estas condiciones.» Le pasé la mano por el cuello y me marché. Llego al Hôtel de la Louisiane y no está la llave. ¿Se la ha llevado usted? La puerta quedará abierta, mala suerte. Saludé a los chicos, y comí tres huevitos. Hice la carta a Bourla padre y dormí como un dios. Esta mañana, cuatro horas de liceo, después tres huevos y un paquete de tallarines. Hasta las tres menos veinte discutí con los chicos, La sangre de los demás no les gusta, a mi juicio de tontos que son. Pero son amables, todos los días encuentro mi cubierto puesto, una escudilla, un tazón, una cuchara y un cuchillo sobre el mantel atigrado, es conmovedor. Y aquí estoy. Trabajaré un poco hasta que llegue MerliPonte.

Hasta pronto, adorable pequeña. Escribiré el sábado. Baje, suba, sude a mares. La quiero con todas mis fuerzas y beso sus buenas mejillitas (seguro que a la vuelta estarán cobrizas, me crucé con gente toda bronceada que volvía de esquiar).
Saludos al Adoquín.

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Enero, 1946

Mi querido Castor

Cada vez sé menos a dónde escribirle. Me dice que no se marcha hasta fines de enero. ¿Pero se marcha? En Túnez hay montones de cartas para usted. Ésta se la envío a Francia. Pero hágase mandar las de Túnez. Había todo un diario de a bordo y cartas de aquí.

Sus cartas me han embelesado, qué feliz estoy de que se haya divertido en Megève. Sentí como usted, leyendo los artículos de Las Vergnas que me pasó un negro llamado Pélage, lo extraño y ridículo que era que toda esa gente siguiera ocupándose de nosotros cuando uno y otro estamos en otro mundo. Pienso, como usted, que hay que cambiar de vida. Sólo la existencia de mi madre y de Tania me impide partir con usted a trabajar en cualquier sitio seis meses del año. Pero entre eso y el Café de Flore cotidiano hay intermediarios. Aquí, la vida es apacible y sin historia. Me levanto a las 9 y, a pesar de mis esfuerzos, no consigo estar listo antes de las 11 (baño, afeitado, desayuno) acudo a algunas citas y almuerzo con Dolorès o con tipos que quieren verme. Después de almorzar paseo solo hasta las 6, por una N.Y. que ahora conozco tan bien como París; me encuentro con Dolorès aquí o allí y permanecemos junios en su casa o en un bar tranquilo hasta las 2 de la mañana. Bebo fuerte pero hasta el presente sin problemas EL viernes por la noche subo a su casa y allí me quedo sin salir, hasta el domingo a las 4 de la tarde (cuestión porteros). Me llama el prisionero. Pero este viernes nos vamos de week-end a casa de Jacqueline Breton (miércoles y jueves: Boston, viernes a lunes: J. Breton, en Connecticut). Y a partir del lunes tendré un semi-apartamento en la 79.a calle, le daré la dirección. Es un amigo de Dolorès que me lo cede por 15 dólares a la semana. La cuestión pasta va mal, tengo bastante para vivir pero no para las compras. Hoy mismo veré a una agente literaria para que me coloque unos artículos. Hacen mucho ruido a mi alrededor pero no me piden artículos pagos. Y tengo que llevar, por la parte baja, unos 700 dólares de cosas (y de todo lo que gano debo entregar el 25 % al Estado). Mis conferencias sólo me significan 50 dólares cada una, me toman todo el día, a veces la noche y el día siguiente.

De sucesos, nada. Salvo que Dolorès me quiere que da miedo. Aparte de eso es absolutamente encantadora y jamás reñimos. Pero el futuro de todo esto es muy oscuro. No sé cómo escribírselo sin ser grosero con ella (a causa de la frialdad de la cosa escrita) y sin embargo haciéndole sentir las cosas. Le hablaré de ello largo y tendido. (No tomo notas cotidianas porque no pasa nada.) Hasta la vista, querido amor mío, mi adorable Castor, hasta la vista. Me siento inmejorablemente bien con usted y la quiero mucho. Hasta la vista, pequeña, me alegrará mucho volver a verla.
Pienso regresar a principios de marzo (el 3 ó el 4) tomando un barco a finales de febrero (27-28).








Sartre llamaba a Simone "el Castor", debido a su intensa dedicación a las labores intelectuales: "usted trabaja tanto como un pequeño castor". Desde los inicios, Sartre y el Castor deciden basar su relación en la honestidad y la libertad. Cada uno poseía independencia económica, sentimental y sexual: no estuvieron casados, no vivieron juntos y no tuvieron hijos. Juntos recorrieron el mundo exponiendo sus ideas acerca del existencialismo, destacando siempre la importancia de asumir la propia libertad.

Cartas de Guy de Maupassant a Gustave Flaubert

Los trabajos sin alegría del ministerio aburren a Maupassant; además tiene singulares molestias que le preocupan; consulta a los médicos cuya opinión no le satisface más que a medias. En esta carta cuenta a su «maestro» sus nuevas angustias.




El 21 de agosto de 1878:

No le he escrito, mi querido Maestro, porque estoy completamente abatido moralmente. Durante tres semanas me dediqué a trabajar todas las noches sin haber podido escribir una página propia. Nada de nada. De modo que desciendo poco a poco en las negruras de tristeza y de desaliento de las que tendré muchos problemas para salir. Mi ministerio me destruye poco a poco. Después de mis siete horas de trabajos administrativos, no puedo más que tenderme un buen rato para rechazar todas las fatigas que me colman el espíritu. Incluso he intentado escribir algunas crónicas para Le Gaulois a fin de procurarme algunos céntimos. No he podido. No encuentro una línea y he acabado por llorar sobre el papel. Además todo va mal a mi alrededor. Mi madre, que ha regresado a Étretat, tras dos meses aproximadamente, no va en absoluto mejor. Su corazón sobre todo la hace sufrir mucho, y ha tenido unos síncopes muy inquietantes. Está tan debilitada que incluso no me escribe, y apenas cada quince días, recibo unas palabras que ella dicta a su jardinero. Cuenta siempre con la visita del señor y la señora Commanville a comienzos de octubre, y espera también que usted vaya a pasar algunos días cerca de ella. Esto la distraería y le haría mucho bien. Espero, para pedir mis quince días de vacaciones, que usted me diga si podrá, como la señora Commanville, estar libre en esa época.

Nuestra amiga la señora Brainne no se divierte demasiado en Plombières. Me ha escrito de vez en cuando y yo le envío muchas historias que no son siempre muy decentes, pero que, al menos, pueden animarla. Suzanne Lagier viene a verme alguna vez al ministerio; está poniendo de patas arriba todo París para interpretar a Gervaise. Es bromista, pero monótona, y su personalidad de diva ocupa en su espíritu un lugar desmesurado.

¿Cómo es que Zola no ha sido condecorado después de la promesa del señor Bardoux? La cuestión ha hecho ruido, por otra parte, ya que los periódicos habían anunciado su condecoración. Debo pronto ir a pasar un domingo a su casa; iré a ver que me dice. Estoy seguro de que está muy molesto. ¿Qué necesidad tenía de esto? He encontrado a Tourgueneff unos días antes de su viaje a Rusia, y le he visto triste e inquieto. Algunos problemas que había tenido su corazón le habían decidido a consultarlos, y el médico le ha confirmado una enfermedad del ventrículo izquierdo. Todo el mundo tiene por lo visto el corazón deteriorado.

En cuanto a mí, estoy todavía sin blanca. Los médicos creen ahora que no hay nada de sífilis en mi asunto, pero que debo tomar baños de vapor, lo que hasta ahora no me ha hecho nada. Pero este tratamiento, unido a las tisanas amargas, siropes y aguas minerales de mesa, ha devorado el poco dinero que había ahorrado para mi verano. Así, siempre el mismo resultado. Espero, para confusión de los médicos, no seguir otro.

Le abrazo de todo corazón, mi querido Maestro, y le ruego que me escriba algunas palabras entre dos frases de B. y P*.

Le estrecho las manos.

GUY DE MAUPASSANT.



* Bouvard y Pécuchet, novela en la que Flaubert se encontraba trabajando por aquel entonces

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Maupassant va a poder entrar en el ministerio de la Instrucción Pública, pero la salud de su madre le sigue preocupando seriamente:



París, 26 diciembre de 1878

Mi querido Maestro, Acabo de ir al ministerio de Instrucción pública, y me dispongo a darle noticias. He visto al subjefe del Gabinete, que me ha dicho que considerara el asunto como hecho, y que estuviese preparado para incorporarme a mi nuevo servicio. Pero, como me asombré de la marcha tortuosa que se me había hecho seguir, cómo no comprendía porqué él no me instaba a presentar mi dimisión simplemente, me ha respondido que era para facilitarme el medio de reingresar en la Marina si el señor Bardoux caía. Le he objetado la promesa formal del ministro, hecha ante el señor Charmes, de tener una plaza en el ministerio si él se iba. El subjefe se echo a reír y me dijo: «El señor Bardoux promete errónea y defectuosamente mil cosas que no puede cumplir. No se fíe demasiado.» En fin, veré al ministro el jueves y le hablaré seriamente. Espero hasta ese día. Mientras tanto huelo una vuelta de tuerca para reenviarme a la Marina el día de su caída (que está próximo). Esto sería bajo todos los aspectos deplorable para mí, pero voy a charlar con él el jueves. Todos los periódicos republicanos lo atacan y creo que Antonin Proust va a sucederle próximamente. El señor Bardoux, se ha agotado por las promesas. He visto a Zola, que no está contento de él. Usted recuerda, verdad, que me había encargado de decirle, mientras él no ha sido condecorado, que el ministro solicitaba verle. Usted le repitió la misma cosa algunos días después. Zola fue a ver al señor Bardoux quien pareció extrañado y le dijo: «Yo no he dicho eso; yo no he dicho a Flaubert que usted se comprometiese a venir a verme.». Se había olvidado completamente, como había olvidado, el otro día, cuando me ha recibido, las tres visitas que ya le había hecho, y la carta que le había escrito sobre su invitación, pues él me afirmó, a pesar de mis protestas, que era la primera vez que me veía.
No creo que pueda hacerme salir de la Marina por el medio que utiliza. Los reglamentos no deben permitir la cesión de un empleado a otro ministerio. Ya veremos.

Mi madre no está mejor. Potain, que la ha visto, afirma que el corazón no tiene enfermedad orgánica alguna, ni los ojos. No hay más que un reumatismo nervioso, muy peligroso sin embargo, porque amenaza la médula espinal y puede sobrevenir una parálisis. El es partidario para siempre, incluso para algunas semanas, de la estancia en Étretat, lo que nos deja en aprietos y desolada a mi madre.
Le abrazo y le estrecho las manos, mi querido Maestro, y le ruego que dé recuerdos a la señora Commanville.

GUY DE MAUPASSANT

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Flaubert ha sido víctima de un accidente y Maupassant se preocupa:


28 de enero de 1879

Mi querido Maestro, El Fígaro informa que usted se ha roto una pierna. Estoy lleno de angustia y de inquietud. Escribo a Pouchet, quién debía estar en Croisset el domingo; pero, si la inmovilidad a la que está usted condenado no le impide escribir, envíeme unas palabras, se lo ruego. Me esforzaré en tener libre un domingo (pues vengo aquí todos los días ahora) para ir a verlo, charlar con usted, llevarle novedades, el ambiente de París, un poco de distracción en sus tristezas. ¡Verdaderamente esto es demasiado! ¿Acaso el cielo, al igual que los gobernantes, odian la literatura? ¡Qué usted tenga que estar aburrido en su cama, sin trabajar! Yo no pienso más que en usted esta mañana. Cuando la maldita fatalidad cae sobre alguien, hace falta aplastarla de todas formas. Esta desgracia no hace que me deprima, por el contrario, me motiva porque me tiene todo el aspecto de una cobardía del Destino que, no pudiendo alcanzar completamente su espíritu, la ha tomado con su cuerpo. ¿No sería posible hacerle traer aquí, donde al menos, iría a verlo y estaría acompañado? Le abrazo muy fuerte, mi querido Maestro y le pido por favor que me escriba o me envíe unas palabras.

Suyo

GUY DE MAUPASSANT


Me ha sido imposible hasta ahora ir a ver a la señora Commanville; estoy avergonzado y apenado, pero llego a mi despacho a las nueve y no salgo hasta las seis y media, lo que no me deja ni un minuto. Naturalmente no he podido ver a Tourguénef. ¿Ha recibido usted mis informaciones por mediación de su hermano?







Maupassant fue admirador y amigo de Gustave Flaubert, al que conoció en 1867. Flaubert lo tomó bajo su protección, le abrió la puerta de algunos periódicos y le presentó a Iván Turgénev y Émile Zola.

18 septiembre 2009

Carta de Hernán Cortés al emperador Carlos V



Tenuxtitlan, 15 de octubre de 1524


Todas las veces que a vuestra sacra majestad he escrito, he dicho a vuestra alteza el aparejo que hay en algunos de los naturales de estas partes para convertirse a nuestra santa fe católica y ser cristianos; y he enviado a suplicar a vuestra cesárea majestad, para ello, mandase proveer de personas religiosas de buena vida y ejemplo. Y porque hasta ahora han venido muy pocos, a casi ningunos, y es cierto que harían grandísimo fruto, lo torno a traer a la memoria a vuestra alteza y le suplico lo mande proveer con toda brevedad, porque de ellos Dios Nuestro Señor será muy servido y se cumplirá el deseo que vuestra alteza en este caso, como católico, tiene. [...]

También he hecho saber a vuestra cesárea majestad la necesidad que hay que a esta tierra se traigan plantas de todas suertes, y por el aparejo que en esta tierra hay de todo género de agricultura, y porque hasta ahora ninguna cosa se ha proveído, torno a suplicar a vuestra majestad, porque de ello será muy servido, mande enviar su provisión a la Casa de la Contratación de Sevilla para que cada navío traiga cierta cantidad de plantas, y que no pueda salir sin ellas, porque será mucha causa para la población y perpetuación de ella.
Como a mí convenga buscar toda la buena orden que sea posible para que estas tierras se pueblen, y los españoles pobladores y los naturales de ellas se conserven y perpetúen, y nuestra santa fe en todo se arraigue, pues vuestra majestad me hizo merced de me dar cuidado, y Dios Nuestro Señor fue servido de me hacer medio por donde viniese en su conocimiento, y debajo del imperial yugo de vuestra alteza, hice ciertas ordenanzas y las mandé pregonar, y porque de ellas envío copia a vuestra majestad, no tendré que decir sino que, a todo lo que aquí yo he podido sentir, es cosa muy conveniente que las dichas ordenanzas se cumplan.
De algunas de ellas los españoles que en estas partes residen no están muy satisfechos, en especial de aquellas que los obligan a arraigarse en la tierra; porque todos, o los más, tienen pensamientos de se haber con estas tierras como se han habido con las islas que antes se poblaron, que es esquilmarlas y destruirlas, y después dejarlas. Y porque me parece que sería muy gran culpa a los que de lo pasado tenemos experiencia, no remediar lo presente y por venir, proveyendo en aquellas cosas por donde nos es notorio haberse perdido las dichas islas, mayormente siendo esta tierra, como ya muchas veces a vuestra majestad he escrito, de tanta grandeza y nobleza, y donde tanto Dios Nuestro Señor puede ser servido y las reales rentas de vuestra majestad acrecentadas, suplico a vuestra majestad las mande mirar, y de aquello que más vuestra alteza fuere servido me envíe a mandar la orden que debo tener, así en el cumplimiento de estas dichas ordenanzas, como en las que más vuestra majestad fuere servido que se guarden y cumplan; [...]







Hernán Cortés fue el conquistador de México. Nació en Extremadura en 1485, y murió en Sevilla en 1547. En 1504 pasó a las Indias descubiertas por Colón y se estableció como escribano y terrateniente en La Española (Santo Domingo). Participó en la expedición a Cuba de 1511 como secretario del gobernador Diego Velázquez. En esta carta cuenta al emperador la preparación de barcos para explorar y someter nuevos reinos sobre el Mar del Sur, idea que bullía en su mente desde dos años atrás, recién consumada la conquista de la gran Tenochtitlan.

Carta de Martín Lutero a su hijo




19 de junio de 1530.

A mi querido hijo Juanito Luther, en Wittenberg.


Gracia y paz en Cristo, mi queridísimo hijo. Veo con agrado que estudias mucho y rezas fervorosamente. Sigue así, hijo mío. Cuando regrese a casa te llevaré un bonito regalo de la feria. Conozco un jardín encantador, bello y delicioso; por él corretean muchos niños con vestiditos dorados, recogen hermosas manzanas, peras, cerezas, ciruelas amarillas y verdes de debajo de los árboles, cantan, saltan y están alegres. Tienen también unos caballos pequeños muy lindos, con riendas Luther, ¿no podría acudir también a este jardín, gustar esas manzanas hermosas y esas peras, montar esos lindos caballitos y jugar con estos niños?». Entonces me respondió el hombre: «Si reza con diligencia, si estudia y es bueno, también podrá venir al jardín, y lo mismo Lipo y Jost. Y si vienen todos juntitos, tendrán además pitos, bombos, laúdes y toda clase de instrumentos; y podrán danzar y disparar con arcos pequeñitos». Y me enseñó una pradera muy deliciosa que había allí en el jardín preparada para danzar, y allí colgaban pífanos de oro, tambores y hermosos arcos de plata. Pero era aún temprano, los niños no habían comido todavía, y por eso no pude esperar al comienzo de la danza, y dije a aquel hombre: «Buen hombre, voy corriendo a escribir todo esto a mi querido hijo Juanito para que se aplique al estudio, rece con fervor y sea bueno, y así podrá venir también a este jardín; pero tiene una tía que se llama Lehne, a la que tiene que traer consigo». Y entonces dijo el hombre: «Muy bien, sea así; vete y escríbeselo».

Por tanto, querido hijo Juanito, estudia y reza con alegría, y diles esto a Lipo y a Jost, para que también ellos estudien y recen, y así podréis venir todos al jardín.

Desde aquí te encomiendo a Dios. Saluda a tía Lehne y dale un beso de mi parte. Tu padre que te quiere.

Martinus Luther.






Martín Lutero (1483-1546) fue un teólogo y un fraile agustino alemán, cuya ruptura con la iglesia católica puso en marcha la Reforma protestante. La influencia del conjunto de sus teorías y doctrinas se extendió más allá de la religión, ya que abarcó la política, la economía, la educación, la filosofía y demás ámbitos culturales.

13 septiembre 2009

Carta de Charles Darwin a Alfred R. Wallace



Febrero, 26 de 1867.

Mi estimado Wallace:

Bates ha estado en lo correcto; tú eres el hombre a quien recurrir ante una dificultad. Nunca escuché nada más ingenioso que tu sugerencia, y espero que puedas probar que es cierta. Es un espléndido caso el de las mariposas blancas; templa la sangre de uno al ver que una teoría está a punto de ser cierta. Respecto a la belleza de las mariposas hembras, debo pensar que se debe a una selección sexual. Hay cierta evidencia que las del tipo Dragón, son atraídas por Las de colores brillantes, pero lo que me lleva a mí a tal conclusión es la existencia de tantas Orthopetras y Cícadas con figuras de instrumentos musicales. Siendo éste el caso, la analogía de los pájaros me hace creer en una selección de sexo con respecto al color de los insectos. Ojalá disponga del tiempo y fuerza de efectuar algunos de los experimentos que me has sugerido, pero no creo poder tener en confinamiento a un par de ellas por cierta dificultad que he escuchado existe en tal caso.

La razón por la cual estoy tan interesado en estos momentos acerca de la selección sexual se debe a que estoy por publicar un pequef’io ensayo acerca del origen de la raza humana y que la selección sexual ha sido el principal agente en formar a las diferentes razas humanas.

Gracias por tu interesante carta. A tu disposición.

Ch. Darwin





Charles Darwin (1809–1882) fue un científico británico, quien sentó las bases de la teoría moderna de la evolución con su concepto del desarrollo de todos los seres vivos a partir de un antepasado común, a través del proceso lento de la selección natural. Su trabajo tuvo una influencia decisiva sobre las ciencias de la vida y de la tierra, y sobre el pensamiento moderno en general. Durante toda la gestación de su Teoría de la Evolución, e incluso después de su publicación, Charles Darwin se mantuvo encerrado en su casa, rodeado de apuntes y teorías. En esta carta, cuenta a su colega Alfred R. Wallace parte de la teoría que luego aparecerían publicadas en 1871 en el origen del hombre y la selección sexual.

Carta de Robert Scott al pueblo de Inglaterra




Las causas del desastre no son debidas a una organización defectuosa de la expedición, sino a la mala suerte en todos los riesgos que teníamos que correr.

1. La pérdida de los ponys ocurrida en marzo de 1911, me obligó a partir más tarde de lo que había decidido en un principio y a llevar una cantidad de víveres menor a la prevista.

2. El mal tiempo en la ida, sobretodo la larga tormenta que sufrimos en los 83º de latitud, retardó nuestra marcha.

3. La nieve blanda en las regiones inferiores del glaciar hizo aún más lento nuestro avance.

Con energía hemos luchado contras estas circunstancias imprevistas y las hemos vencido, pero a costa de nuestros víveres de reserva. Las provisiones, la ropa y la organización de la línea de depósitos establecidos sobre la meseta, así como en toda la ruta del Polo, de 1300 kilómetros, han sido totalmente satisfactorias.

Nuestro grupo habría regresado al glaciar Beardmore en buen estado y con un buen suplemento de víveres si no se hubiera producido el desfallecimiento sorprendente de Evans, entre nosotros el que creíamos el más resistente.

A buen tiempo el glaciar Beardmore no es difícil de atravesar; pero en nuestro regreso no tuvimos una sola jornada realmente buena y la enfermedad de nuestro compañero agravó aún más la situación.

Como ya he dicho, nos aventuramos en una región glaciar extremadamente accidentada; y en una caída, Edgar Evans sufrió una conmoción cerebral. Murió de muerte natural. Su desaparición dejó a nuestro equipo debilitado en el momento en que un invierno precoz caía sobre nosotros.

Pero todo esto no es nada en comparación con lo que nos esperaba en la barrera. De nuevo afirmo que las disposiciones tomadas para asegurar nuestra retirada eran óptimas, y que nadie habría podido prever en esta época del año, las temperaturas y el estado de la nieve que encontramos. En la meseta, entre los 85º y 86º de latitud tuvimos entre -28º y -34º centígrados; y en la barrera a 82º de latitud y una altitud de 3000 metros la más baja, experimentamos generalmente -34º durante el día y -44º durante la noche, con un incesante viento en contra durante las marchas.

Estas circunstancias se han producido de improviso y nuestro fracaso es debido a la llegada súbita del mal tiempo, fenómeno al parecer imposible descubrir la causa. Ningún ser humano ha sufrido tanto como nosotros en este último mes. A pesar del frío y del viento habríamos pasado si no hubiera sobrevenido la enfermedad de un segundo compañero, el capitán Oates; si no se hubiese disminuido inexplicablemente el combustible contenido en los depósitos; y, en fin, sin este último huracán. Nos han detenido a 11 millas del depósito donde esperábamos hallar los víveres necesarios para la última parte del viaje. ¿Nunca alguien tuvo antes peor suerte?.

Hemos sido detenidos a 11 millas del campo One Ton, con víveres para sólo dos días y combustible para una sola comida. Desde hace cuatro días nos ha sido imposible salir de la tienda: el huracán sopla a nuestro alrededor. Estamos débiles, apenas puedo escribir. Sin embargo no lamento haber emprendido esta expedición: en ella se demuestra la resistencia de los ingleses, su espíritu solidario, y prueba de cómo saben mirar la muerte con tanto valor, tanto hoy como ayer. Hemos afrontado riesgos, sabiendo de antemano que íbamos a correrlos. Si las cosas se han vuelto contra nosotros, no debemos quejarnos, sino inclinarnos ante la voluntad de la Providencia, resueltos a hacer todo lo que podamos hasta el final...

Me gustaría tener una historia que contar sobre la fortaleza, resistencia y valor de mis compañeros que removiera el corazón de todos los ingleses. Estas torpes notas y nuestros cuerpos muertos, la contarán...

Robert Falcon Scott.





Robert Falcon Scott (1868-1912) fue un capitán de la Royal Navy y explorador que dirigió dos expediciones a la Antártida. Tras una mala organización de su expedición, había perdido la carrera por la conquista del Polo Sur al llegar más de un mes después que Roald Amundsen, en diciembre de 1911. Él y sus hombres no encontraron más que penurias en el regreso, y la posibilidad de morir por cansancio estuvieron siempre presente en sus mentes hasta que las circunstancias hicieron de ésta una realidad inevitable. Consciente de su suerte y la de su gente, Scott escribió esta nota al pueblo de Inglaterra explicando el porqué de su fracaso. Probablemente esta carta fue escrita a fines del mes de marzo de 1912. Fue encontrada junto con los cuerpos inertes de los hombres en una expedición realizada para su rescate meses más tarde.

Carta de John F. Kennedy a un niño




Querido Mark:

Quiero agradecerte por tu tan bonita carta. Disfruté mucho al leerla y también de saber de ti y de ti en la escuela.

Tus preguntas me han parecido muy pertinentes, más aún dada la cercanía del Día de San Patricio. Existen muchas leyendas acerca de los duendes, esas personas pequeñitas a las que tú te refieres, y ello me ha hecho llegar a la siguiente conclusión: Si tu realmente lo crees, entonces tu los verás.

Mis “personas pequeñitas” son muy bajitas, usan altos sombreros de paja negra, pantalones y chaquetas verdes y además tienen largas barbas blancas. Nunca me fue posible determinar dónde viven. Son muy amigables y su mensaje es que todas las personas del mundo deben vivir en paz y amistad.

Por tu interés en Irlanda, quiero desearte que tengas un feliz día de San Patricio





En esta carta, Kennedy responde a un niño de 10 años acerca de la existencia de los duendes, según las leyendas irlandesas.

Carta de Garcilaso de la Vega a Gerónima Palova de Almogávar

*Escrita en castellano antiguo.



A la muy magnífica señora doña Gerónima Palova de Almogávar


Si no oviera sabido antes de agora dónde llega el juyzio de vuestra merced, bastárame para entendello ver que os parecía bien este libro; mas ya estábades tan adelante en mi opinión que pareciéndome este libro bien hasta agora por muchas causas, la principal por donde agora me lo parece es porque le havéys aprobado de tal manera que podemos decir que le avéys hecho, pues por vuestra causa le alcanzamos a tener en lengua que le entendemos. Porque, no solamnte no pensé poder acabar con Boscán que le traduxese, mas nunca me osé poner en dezírselo, según le veya siempre aborrecerse con los que romançan libros, aunque él a esto no lo llama romançar, ni yo tampoco, mas aunque lo fuera creo que no se escusara dello mandándolo vuestra merced.

Estoy muy satisfecho de mí, porque antes que el libro viniesse a vuestras manos ya yo le tenía en tanto como entonces devía; porque si agora, después que os parece bien, empeçara a conocelle, creyera que me llevara el juyzio de viestra opinión. pero ya no ay que sospechar en esto sino, tener por cierto que es libro que merece andar en vuestras manos para que luego se le parezca dónde anduvo y pueda después andar por el mundo sin peligro; porque una de las cosas de que mayor necessidad ay doquiera que ay hombres y damas principales es de hazer, no solamente todas las cosas qu en aquella su manera de bivir acrecientan el punto y el valor de las personas, mas aun detodas las que pueden abaxalle; lo uno y lo otro se trata en este libro tan sabia y tan cortesanamente que no me parece que ay que desear en él, sino vello cumplido todo en algún hombre, y también iba a decir en alguna dama, sino me acordara que estávades en el mundo para pedirme cuenta de las palabras ociosas.

Demás de todo esto puédese considerar en este libro que, como las coas muy acertadas siempre se estienden a más de lo que promenten, de tal manera escrivió el conde Castellón lo que debía hazer un singular cortesano, que casi no dexó estado a quie no avisasse su oficio. En esto se puede ver lo que perdiéramos en no entenderle

Y también tengo por muy principal el benefizio que se haze a la lengua castellana en poner en ella cosas que merezcan ser leidas, porque yo no sé qué desventura ha sido siempre la nuestra, que apenas ha nadie escripto en nuestra lengua, sino lo que se pudiera muy bien escusar, aunque esto sería malo de provar con los que traen entre las manos estos libros que matan hombres.

Y supo vuestra merced muy bien escojer persona por cuyo medio hiziésedes este bien a todos; que siendo, a mi parecer, tan dificultosa cosa traduzir bien un libro, como hazelle de nuevo, diose Boscán en esto tan buena maña, que cada vez que me pongo a leer este su libro, o por mejor decir, vuestro, no me parece que le hay escripto en otra lengua; y si alguna vez se me acuerda del que visto y leydo, luego el pensamiento se me vuelve al que tengo entre las manos. guardó una cosa en la lengua castellana que muy pocos la han alcanzado, que fue huyr del afectación sin dar consigo niguna sequedad; y con gran limpieza de estilo usó de términos muy cortesanos y muy admitidos de los buenos oydos, y no nuevos ni al parecer desusados de la gente. Fue, demas desto, muy fiel tradutor, porque no se ató al rigor de la letra, como hazen algunos, sino a la verdad de las sentencias, y por diferentes caminos puso en esta lengua toda la fuerça y el ornamento de la otra. Y assí lo dexó todo tan en su punto como lo halló, y hallólo tal que con poco trabajo podrían los defensores deste libro responder a los que quisiessen tachar alguna cosa dél. No hablo en los hombres de tan tiernos y tan delicados oydos, que entre mil cosas buenas que terná este libro, les ofenderá una o dos que no serán tan buenas como las otras; que destos tales no puedo creer sino que aquellos dos les agradan y las otras les ofenden; podríalo provar con muchas cosas que ellos fuera desto apruevan. Mas no es de perder tiempo con éstos, sino remitillos a quen les habla y les responde dentro en ellos mismos, y volverme a los que con alguna apariencia de razón podrían en un lugar dessear satisfación de algo que les ofendiesse, y es, que allí donde se trata de todas las maneras que puede aver de decir donayres y cosas bien dichas a propósito de hazer reyr y de hablar delgadamente, ay algunas puestas por exemplo, que parece que no llegan al punto de las otras, ni merescen ser tenidas por muy buenas de un hombre que tan avisadamente trató las otras partes; y de aquí podrían inferir una sospecha de no tan buen juyzio ni tanta fineza del auctor como le damos. Lo que a esto se puede responder es que la intención del auctor fue poner diversas maneras de hablar garciosamente y de decir donayres, y porque mexor pudiésemos conocer la diferencia y el linage de cada una de aquellas maneras, púsonos exemplo de todas y, discurriendo por tantas suertes de hablar, no podía aver tantas cosas bien dichas en cada una destas, que algunas de las que daba por exemplo no fuessen algo más baxas que otras. y por tales creo yo que las tuvo sin engañarse punto en ellas, un auctor tan discreto y tan avisado como éste. Assí que ya en esto se vee que él está fuera de culpa; yo sólo avré de quedar con una, que es averme alargado más de lo que era menester; mas enójanme las sinrazones y házenme que las haga con una carta tan larga a quien no me tiene culpa.

Confiesso a vuestra merced que ove tanta embidia de veros merecer sola las gracias que se deven por este libro, que me quise meter allá entre los renglones o como pudiesse; y porque ove miedo que alguno se quisiese meter en traducir este libro o (por mejor dezir) dañarle, trabaxé con Boscán que sin esperar otra cosa luego hiziesse emprimille por ataxar la presteza que los que escriben mal alguna cosa suelen tener en publicalla. Y aunque esta tradución me diera venganza de cualquier otra que oviera, soy tan enemigo de cisma que aun ésta tan sin peligro me enoxara. Y por esto, casi por fuerça le hice que a todo correr le pasasse; y él me hizo estar presente a la postrera lima, más como a hombre acogido a razón que como ayudador de ninguna enmienda. Suplico a vuestra merced que, pues este libro está debaxo de vuestro amparo, que no pierda nada por esta poca de parte que yo dél tomo, pues, en pago desto, os le doy escrito de mejor letra, donde se lea vuestro nombre y vuestras obras.

GARCILASO DE LA VEGA





Garcilaso de la Vega fue un poeta renacentista español y uno de los mejores poetas líricos de la literatura española. Nacido en Toledo, en esta misma ciudad recibe una esmerada educación que le convierte en un hombre culto y humanista. Adopta la carrera de armas, siendo guardia personal de Carlos I. En 1533 visita en Barcelona a su amigo Juan Boscán, que estaba terminando (animado por la mujer de un primo hermano, llamada Gerónima Palova de Almogávar) la traducción al castellano de "El Cortesano", de Baltasar de Castiglione, obra por la que Garcilaso siente predilección. La alegría que siente por este hecho le mueve a escribir una carta de agradecimiento a Gerónima. Este texto será incluido por Boscán como prólogo a la edición de su traducción. Participa en varias campañas militares. En Provenza recibe una herida que le causará la muerte, a los 33 años de edad.

Carta de Lenin al Comité Central Bolchevique

6 de Noviembre de 1917

Camaradas: Escribo estas líneas el 24 por la tarde. La situación es crítica en extremo. Es claro como la luz del día que hoy todo lo que sea aplazar la insurrección significará verdaderamente la muerte. Poniendo en ello todas mis fuerzas, quiero convencer a los camaradas de que hoy todo está pendiente de un hilo, de que en el orden del día figuran cuestiones que no pueden resolverse por medio de conferencias, ni de congresos (aunque sean incluso congresos de los Soviets), sino únicamente por los pueblos, por las masas, por medio de la lucha de las masas armadas.

La korniloviada inspirada por la burguesía, la destitución de Verjovski demuestran que no se puede esperar. Es necesario, a todo trance, detener al gobierno esta tarde, esta noche, desarmando previamente a los cadetes (después de vencerlos, si oponen resistencia), etc. ¡¡No se puede esperar!! ¡¡Nos exponemos a perderlo todo!!
¿Qué se conseguirá con la toma inmediata del poder? Proteger al pueblo (no al Congreso, sino al pueblo, al ejército y a los campesinos, en primer término) contra el gobierno kornilovista, que ha arrojado de su puesto a Verjovski ya ha urdido una segunda conspiración kornilovista. ¿Quién ha de hacerse cargo del Poder? Esto, ahora, no tiene importancia: que se haga cargo el Comité Militar Revolucionario “u otra institución” que declare que sólo entregará el Poder a los verdaderos representantes de los intereses del pueblo, de los intereses del ejército (inmediata propuesta de paz), de los intereses de los campesinos (inmediata toma de posesión de la tierra, abolición de la propiedad privada), de los intereses de los hambrientos. Es necesario que todos los distritos, todos los regimientos, todas las fuerzas sean inmediatamente movilizadas y que envíen sin demora delegaciones al Comité Militar Revolucionario, al CC del Partido Bolchevique, exigiendo insistentemente: no dejar en modo alguno el Poder en manos de Kerenski y Cía. Hasta el 25; en modo alguno. Es menester que la cosa se decida a todo trance esta tarde o esta noche. La historia no perdonará ninguna dilación a los revolucionarios que hoy pueden triunfar (y que triunfarán hoy con toda seguridad) y que mañana correrán el riesgo de perder mucho, tal vez de perderlo todo. Si hoy nos adueñamos del Poder, no nos adueñamos de él contra los Soviets, sino para ellos.

La toma del Poder debe ser obra de la insurrección; su meta política se verá después de que hayamos tomado el Poder. Aguardar a la votación incierta del 25 de octubre sería echarlo todo a perder, sería un puro formalismo; el pueblo tiene el derecho y el deber de decidir estas cuestiones no mediante votación, sino por la fuerza; tiene, en momentos críticos de la revolución, el derecho y el deber de enseñar el camino a sus representantes, incluso a sus mejores representantes, sin detenerse a esperar por ellos. Así lo ha demostrado la historia de todas las revoluciones, y los revolucionarios cometerían el mayor de los crímenes, si dejasen pasar el momento, sabiendo que de ellos depende la salvación de la revolución, la propuesta de paz, la salvación de Petrogrado, la salida del hambre, la entrega de la tierra a los campesinos.

El gobierno vacila. ¡Hay que acabar con él, cueste lo que cueste!

Demorar la acción equivaldría a la muerte.





Vladimir Ilyich Lenin (1870–1924), fue un revolucionario ruso, líder bolchevique, político comunista, principal lider de la Revolución de octubre y primer presidente de la Unión Soviética. Estudió las obras del pensamiento revolucionario europeo, especialmente a Marx. Su proyecto para la revolución se basaba en la existencia de un partido sometido a una férrea disciplina, compuesto por revolucionarios preparados para actuar como "vanguardia del proletariado" y conducir a las masas trabajadoras a una victoria frente al absolutismo. Enfermo de hemiplejía, tuvo que abandonar las tareas de gobierno a finales de 1922, falleciendo en enero de 1924 de infarto cerebral. Su cadáver, idolatrado, fue objeto de culto durante todo el período soviético, al ser expuesto en un mausoleo de la Plaza Roja de Moscú.

Carta de Théophile Gautier a su madre


4 de julio de 1840

Mi querida mamá:

Llegué a Granada, y fui a correos; no hay cartas, al segundo correo nada aún; — quiero creer que me escribieron, la carta se perdió, y he aquí su excusa. ¿Cómo son cuatro escribiendo más o menos bien y no tienen el valor de poner la pluma en el tintero?, ¿cómo en dos meses dos cartas solamente?, les he escrito desde Tours, Burdeos, Burgos y desde Madrid otras tres veces, y ahí tienen que les envío otra carta desde Granada; me tienen pues ya olvidado, lo que me parece es que son ustedes unos canallas: Piot no recibió nada tampoco de su madre. Si continúan como hasta ahora, acabarán sobre el cadalso; ¿Están enfermos? ¿Están muertos? ¿Qué demonios hacen? Gerardo que es el más perezoso de los mortales me escribió cinco o seis veces: y sin embargo aún no tiene respuesta en pago. Bromas a parte, esto me aflige profundamente; Yo, que viajo por la llanura y por la sierra, con el sol a la espalda, que hago grandes odas políticas de 200 versos de longitud, sobre las impresiones del gran camino, que estoy obligado a asimilar un nombre infinito de catedrales tomando notas, aprendiendo el español y componiendo un volumen de versos donde hay para elegir, saco tiempo para escribirles con sudor, y ustedes nada. Y sin embargo parecían quererme. ¿Se acabó? ¿Quizás han olvidado echar sus cartas al correo? ¿O es que sólo las franquearon hasta la frontera? No sé qué imaginar, no hay diarios franceses en Andalucía e ignoro también por completo que pasaría si estuviese en China; les tengo no obstante en un altar, y a fuerza de cuidados, hago de ustedes parientes presentables. Envíenme muchos acuses de recibo familiares o les maldeciré y les desheredaré, en cuanto a mi salud es inalterable y me lleva como muchos puentes nuevos. han pasado dos meses y sólo nos queda uno: hemos visto Burgos, Vitoria, Valladolid, Olmedo, El Escorial, Toledo, Madrid, Aranjuez, Jaén, Granada —nos queda por ver Córdoba, Sevilla, Cádiz y Valencia—; desde aquí haremos el retorno a nuestra bella patria, donde apenas parecen ya preocuparse por nosotros. ¡Ah mi querida mamá, no habría creído de tu parte tan gran negligencia: si te alegras de recibir mis noticias ¿Crees que puedo prescindir de las tuyas y las de Lilly, y papá y Zoe y Alfonso? ¡Bonita familia! ¡Si mantiene esta actitud, alquilo la Alhambra, la amueblo con un colchón de trenza de paja y un par de cojines, y no vuelvo! ¡Ahí se las arregle el gobierno, tanto peor para Francia! Os envío toda clase de copias, ¿llegarán? ¿desaparecerán? No tengo conocimiento más que de las dos primeras cartas: hoy es sábado, hasta el miércoles no tendré nada, aquí no hay correo más que dos veces por semana.

A pesar de vuestra infame conducta, os llevo en mi corazón.

Su hijo y hermano,

Théophile Gautier






Théophile Gautier (1811-1872) fue un poeta, crítico y novelista francés. Figura prominente, durante cuarenta años, de la vida artística y literaria de París. Antes de decantarse por la poesía se dedicó a la pintura y frecuentó los ambientes bohemios. Durante toda su vida, viajó por varios lugares del mundo, y estos viajes influyeron en sus escritos. Del 5 de mayo al 7 de octubre de 1840, Théophile Gautier viaja a España con su amigo, desde donde escribe esta carta. Esta estancia le proporciona la materia de su obra "Viaje a España".

Carta de Pedro de Valdivia a Carlos V


Al emperador Carlos V.

Santiago, 26 de octubre d e 1552.

Sacratísimo César. Estando V. M. tan bien ocupado en el servicio de nuestro Dios, defensa y conservación de la cristiandad contra el común enemigo turco y errónea luterana, más justo sería ayudar con obras que estorbar con palabras. Pluguiera a nuestro Dios que yo me hallara con mucha cantidad de dineros y en presencia de V. M. para que me empleara en servir, aunque donde quedo no estoy de balde, pero, a la verdad, a mí me fuera en gran contentamiento, y así procuraré abreviar. Yo tengo dada relación por mis cartas a V. M. cómo fui a servir al Perú contra la rebelión de Gonzalo Pizarro, e desde Andaguaylas escrebí, y con solos diez e siete meses que por allá me detove en servir, vuelto a esta gobernación, donde tenía poblada esta ciudad de Santiago y La Serena, hallé la tierra toda puesta en arma y La Serena quemada, y muertos cuarenta e tres cristianos por los naturales, y de cómo la torné a reedificar y poblar, e de lo demás que me paresció convenir, di larga cuenta a V. M. con un mensajero que de la ciudad de la Concebción despaché, llamado Alonso de Aguilera, a los quince de otubre de 1550.

De los veinticinco de setiembre del año pasado de 1551 es la última carta que a V. M. tengo escrita; con ella fue el duplicado de la que llevó Alonso de Aguilera; el despacho todo fue dirigido al Abdiencia Real de los Reyes para que de allí se encaminase: tengo por cierto habrá habido recabdo; donde no, con ésta va la duplicada de los veinticinco, por do se sabrán las cabsas por que no despaché en aquella coyuntura al capitán Jerónimo de Alderete, criado de V. M. Como dije en aquellas cartas, a los cinco de otubre del año de 1550 poblé la ciudad de la Concebción, hice en ella cuarenta vecinos; por el marzo delante de cincuenta e uno poblé la ciudad Imperial, donde hice otros ochenta vecinos: todos tienen sus cédulas; por hebrero deste presente año de 1552 poblé la ciudad de Valdivia, tienen de comer cient vecinos: no sé si cuando les hobiere de dar las cédulas podrán quedar todos. Dende a dos meses, por el abril adelante, poblé la Villa-Rica, que es por donde se ha de descubrir la Mar del Norte: hice cincuenta vecinos, todos tienen indios; y así iré conquistando y poblando hasta ponerme en la boca del Estrecho, e siendo V. M. servido y habiendo oportunidad de sitio donde se pueda fundar una fortaleza, se hará para que ningún adversario entre ni salga sin licencia de Vuestra Majestad.

Para dar a V. M. cuenta de todo lo subcedido después que yo emprendí esta jornada hasta el día de hoy, va el capitán Jerónimo Alderete , criado y tesorero de V. M.: es una de las preeminentes personas que comigo vinieron a esta tierra e que bien han acertado a servir, así en el descubrimiento, conquista e población della como en el Perú contra Gonzalo Pizarro, que le llevé en mi compañía en aquella jornada: sabrá muy bien dar entera relación como testigo de vista de todo, porque le he encargado cargos honrosos y de gran confianza en la guerra y en lo que toca a la guardia de las Reales haciendas de V. M.; y siempre ha dado dellos la cuenta e razón que los caballeros hijosdalgo, verdaderos y leales vasallos de V. M. y celosos de su cesáreo servicio, como en la verdad él lo es, y a esta cabsa y por conoscerle por tal, le envío. Suplico a V. M. se mande informar dél de los servicios por mí hechos a V. M. en augmento de la Real Corona de España, y conforme a ellos V. M. sea servido de me gratificar e hacer mercedes con aquella liberalidad que acostumbra, como señor e monarca tan agradescido, hacerlas a la continua a todos aquellos caballeros e hijosdalgo que bien e lealmente le han servido e sirven, como yo lo he hecho y haré hasta la muerte; e de mi voluntad e obras e de lo que serví en el Perú, creo V. M. estará entendido por relación del Licenciado Pedro Gasca e por otras personas que dello habrán asimismo dado cuenta a V. M., e ahora de nuevo la dará más copiosa el capitán Jerónimo Alderete, como persona que en todo se ha hallado e le ha cabido su buena parte de trabajos y gastos por servir bien, e por ello está y queda bien adebdado en esta tierra.

E las mercedes que conforme a su relación e mis servicios V. M. fuere servido de me hacer, suplico muy humillmente las traiga el portador désta confirmadas de V. M., porque los gastos que los mensajeros hacen en ir e venir de tan lejas tierras son muy costosos en extremo, e yo estoy muy adebdado y empeñado en cantidad de más de doscientos mill pesos de oro, sin otros quinientos mill que he gastado en el descubrimiento, conquista, población, sustentación e perpetuación destos reinos, que son de los me jores que a V. M. se le han descubierto y donde más servido será. Yo quedo despachando al capitán Francisco de Villagra, verdadero e leal vasallo de V. M., que ha mucho servido en estas partes con los cargos más preeminentes que yo le podido dar en su cesáreo nombre, para que desde la Villa Rica, que está en cuarenta e dos grados desta parte de la equinocial, pase a la Mar del Norte, porque los naturales que sirven a la dicha Villa dicen estar hasta cien leguas della: trabajaré de que se descubra aquella costa y de poblarla, porque V. M. será muy servido dello. Lo que debo a mercaderes, de la ayuda que hicieron al dicho capitán Francisco de Villagra en el Perú para conducir a esta tierra ciento e ochenta hombres que trajo en su compañía, pasa la cantidad de sesenta mill pesos de oro.

Asimismo despacharé, con el ayuda de Dios e siendo Él servido, el verano que viene, porque al presente no puedo por la falta de naos que en esta tierra hay, a descubrir e aclarar la navegación del Estrecho de Magallanes. Yo me hallé este verano pasado ciento e cincuenta leguas dél, caminando entre una cordillera que viene desde el Perú e va prolongando todo este reino, yendo a la continua a quince y veinte leguas e menos de la mar, y ésta traviesa y la corta el Estrecho; e caminando por entre la costa e la cordillera adelante la ciudad de Valdivia, que está en cuarenta grados y en el mejor puerto de mar e río que jamás se ha visto, la vuelta del Estre cho hasta cuarenta e dos grados, no pude pasar de allí a cabsa de salir de la cordillera grande un río muy cabdaloso, de anchor de más de una milla, e así me subí el río arriba derecho a la sierra, y en ella hallé un lago de donde procedía el río, que al parescer de todos los que allí iban comigo, tenía hasta cuarenta leguas de bojo. De allí di la vuelta a la cibdad de Valdivia, porque se venía el invierno, e por despachar a V. M. al capitán Alderete, vine a esta ciudad de Santiago.

De aquí he proveído dos capitanes: el uno que pase la cordillera por las espaldas desta ciudad de Santiago e traiga a servidumbre los naturales que desotra parte están.

E por la parte de la ciudad de La Serena entra el capitán Francisco de Aguirre, muy verdadero e leal vasallo de V. M., el cual tengo allí puesto por teniente, para que asimismo con su diligencia e prudencia traiga los demás naturales, porque aquella tierra está vista por el capitán Francisco de Villagra, e por allí me trajo el socorro cuando le envié al Perú, como a V. M. tengo escrito y escribo en ésta. Es tierra en parte poblada y en parte inhabitada; trabajaré lo posible de traer todos aquellos naturales a la obediencia de V. M., como he hecho los demás, aunque un Juan Núñez de Prado despobló la ciudad del Barco, que el dicho Villagra había favorescido en nombre de V. M. e dejado debajo de mi protectión, atento a que de aquí podría ser proveída e no de otra parte, e, según han escrito, se fue al Perú, ahorcando a un alcalde que defendía su perpetuación, porque conoscía lo que importaba para una tal jornada estar allí poblado; porque mi intento no es otro, todo el tiempo que Dios me diere de vida, sino gastarla en servicio de V. M, como hasta aquí lo he hecho. Por la noticia que de los naturales he habido y por lo que oigo decir e relatar a astrólogos y cosmógrafos, me persuado estoy en paraje donde el servicio de nuestro Dios puede ser muy acrecentado; visto lo uno y lo otro, hallo por mi cuenta que donde más V. M. el día de hoy puede ser servido, es en que se navegue el Estrecho de Magallanes, por tres cabsas, dejadas las demás que se podían dar: la primera, porque toda esta tierra e Mar del Sur la terná V. M. en España e ninguno se atreverá a hacer cosa que no deba; la segunda, que terná muy a la mano toda la contratación de la especería, e la tercera, porque se podrá descubrir e poblar esotra parte del Estrecho, que segúnd estoy informado, es tierra muy bien poblada; y porque en lo demás no es razón yo dar parescer, mas de advertir a V. M. de lo que acá se me alcanza y entiendo como hombre que tiene la cosa entre manos, no lo doy; e por servir en esto también a V. M., como ha hecho en lo demás, el capitán Jerónimo de Alderete va con determinación de hacer este servicio e meter la primer bandera de V. M. por el Estrecho, de lo cual estos reinos recibirán muy gran contentamiento e V. M. muy señalado servicio; para todo lo cual y para lo tocante a mis cosas, suplico muy humillmente a V. M., otra y muchas veces, sea servido mandar que se le dé todo favor e ayuda, para que un tan calificado servicio como éste se haga a V. M., haciéndole las mercedes conforme a los por él hechos en lo pasado e por los que nuevamente quiere emprender; e porque, como dicho es, él sabrá dar razón de todo lo que se le pidiere e lleva la relación de la tierra, aunque la discreptión no puede ir ahora, atento que traigo, así por la tierra adentro como por la costa, cosmógrafos que la pongan en perfeción para la enviar a V. M. e no está acabada, enviarla he con los primeros navíos que partan.

Asimismo lleva el capitán Alderete el oro que de los Reales quintos se ha habido después acá que se envió lo que había en la Real Caja de V. M. con un capitán dicho Esteban de Sosa, dirigido al Presidente Gasca, que no le halló en los Reyes, porque era partido a España, e lo dejó allí a los Oficiales de V. M.; e como al presente no se saca oro sino en esta ciudad de Santiago e La Serena, atento que no consiento se saque tan presto en las demás que tengo pobladas, a cabsa de asentar e simentar bien los naturales e que los vecinos se perpetúen en hacer sus casas e darse a sembrar e criar por enoblecer la tierra para su perpetuación, es poco lo que lleva; como se comience a sacar en todas las que hasta el presente tengo pobladas, se dará gran fruto y ayuda a V. M. para sus nescesidades e gastos, pues los que hace son tan santos, buenos e provechosos para el servicio de nuestro Dios e sustentación de la cristiandad y de su Iglesia Romana e Pastor universal que reside e tiene la silla de San Pedro, como vicario de Cristo. En lo que yo he tenido especial cuidado, trabajado y hecho último de potencia, después que a esta tierra vine, es en el tratamiento de los naturales para su conservación e dotrina, certificando a V. M. ha llevado en este caso la ventaja esta tierra a todas cuantas han sido descubiertas, conquistadas e pobladas hasta el día de hoy en Indias, como lo podrá V. M.

mandar entender no solamente del mensajero, pero de las demás personas que destas partes han ido hasta hoy e fueren de aquí adelante en nuestras Españas. A la conversión de los naturales a nuestra santa fe e creencia ha mucho ayudado con su dotrina e predicación el bachiller en teología Rodrigo González, clérigo presbítero, hermano de don Diego de Carmona, deán de la Santa Iglesia de Sevilla, como últimamente escrebí a V. M. con Alonso de Aguilera. En mi carta suplicaba, de parte de todos los vasallos de V. M. e mía, que le conoscemos e tenemos experimentado su buena y honesta vida, fuese servido V. M. de nos lo nombrar por nuestro perlado en esta gobernación; lo mismo suplicamos ahora, pues las cabsas e razones que hay para la ascensión de su persona a esta dignidad, siendo V. M. servido de nos hacer esta merced a todos, están acá muy notorias.

Las provisiones que V. M. ha mandado se enderescen a mí sobre los casados que están en estas provincias para que vayan o envíen por sus mujeres, e la que habla sobre la orden que se ha de tener en los pleitos de indios, e todas las demás que a mi poder vinieren serán por mí obedescidas y cumplidas conforme a como en ellas se relatare e más me paresciere convenir al servicio de V. M., paz e quietud de sus vasallos e desta tierra e naturales e de su perpetuación, que todo esto es mi principal interese, y el deseo que tengo de acertar en todo e bien servir es el que he significado e significo siempre por mis cartas a V. M., cuya sacratísima persona por infinitos años guarde Nuestro Señor con acrecentamiento de mayores reinos y monarquía de la cristiandad.

-Desta ciudad de Santiago, a 26 de otubre de 1552 años. Sacratísimo César: El más humillde súbdito y vasallo de V. M., que sus sacratísimos pies y manos besa.-

Pedro de Valdivia





Pedro de Valdivia fue un militar y conquistador español de origen extremeño. Su espíritu viajero le llevó a enrolarse en una expedición que se dirigía a Venezuela al mando de Juan Fernández de Alderete. Valdivia participó en la batalla de Salinas entre pizarristas y almagristas en el bando de los primeros con el cargo de maestre de campo. En el ataque al fuerte de Tucapel por parte de los temibles indios araucanos, Valdivia murió en combate el día de nochebuena de 1553. Esta carta se la escribió desde Chile al emperador Carlos V.

Cartas de Séneca a Lucilio


CARTA 1


Séneca a su Lucilio saluda,

Actúa así, Lucilio, reivindícate a ti mismo y también al tiempo del que hasta ahora fuiste despojado, desposeído o que te fuera escamoteado: reconquístalo y presérvalo. Convéncete que es tal como lo escribo: el tiempo nos es a veces arrebatado con violencia, otras usurpado, a veces simplemente se evanesce. Ignominiosa es sin embargo tal dilución cuando acontece por pura negligencia. Presta atención: gran parte de nuestra existencia transcurre o bien mediocremente vivida, o directamente no vivida, o de tal manera vivida que ni siquiera merece llamarse vida. ¿Quién puedes mencionar, capaz de poner un precio al tiempo, de evaluar el día, quién que comprenda que con cada día en parte muere? En esto justamente nos equivocamos burdamente: en la percepción de la muerte como un acontecimiento sólo del futuro. Gran parte de ella se encuentra ya tras de nosotros: cualquiera de nuestras épocas pasadas, es la muerte quien ya las posee. Condúcete entonces, Lucilio, como me lo manifiestas en tus escritos: amalgámate con cada una de tus horas, depende menos del mañana para tomar en tus manos el presente. Mientras la diferimos, la vida pasa. Todo lo demás, ¡Oh Lucilio! nos es ajeno: sólo el tiempo, objeto tan fugaz como esquivo, es nuestro. Es la única posesión con la que la naturaleza nos invistió. ¡Y sin embargo toleramos a quienquiera desposeernos del mismo!

Pero tanta es la necedad de los mortales, que nos sentimos en deuda frente a aquellos de quienes obtenemos cosas insignificantes y futiles, sin duda substituibles. Pero nadie a quien se le consagra tiempo se estima estar en deuda, cuando no obstante beneficia del único bien que ni el más agradecido podrá restituir nunca. Te preguntas quizás lo que conmigo mismo acontece, yo que estos preceptos propugno. Te lo digo sin reparos: si bien vivo entre los fastuosos, soy diligente y llevo debida cuenta de mis gastos. No puedo decir que no pierda nada, pero sea lo que sea que pierda, puedo dar cuenta de su cuantía y de la razón de mi pobreza. Me acontece empero lo que a tantos otros que, sin culpa, cayeron en la indigencia: todos perdonan, nadie socorre.

¿Y entonces qué? No considero pobre aquel de alguna manera es aún capaz de gozar de lo poco que le queda. Pero en cuanto a ti, prefiero que te ocupes de ti mismo y que comiences en buena hora. En efecto, tal como solían decir nuestros mayores: "extemporáneo es el ahorro cuando ya se tocó fondo". El último resto no sólo es lo mínimo sino también lo peor.

Que sigas bien.

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CARTA 9


Séneca a su Lucilio saluda,

Si con razón reprueba en aquella carta Epicuro a quienes dicen que los sabios se bastan a si mismos y por ende no necesitan de amigos, deseas saber. En efecto, Estilpón es objectado por Epicuro, como así también lo son aquellos para quienes la visión del sumo bien es la de un espíribu impasible. Se cae en la ambigüedad, si queriendo expresar rápidamente άπάθειαν (apatheia) con una única palabra, decimos impatientia. Se puede en efecto entender lo contrario de lo que queremos significar. Nosostros queremos mentar la calidad de quien aparta de sí toda sensación del mal: se podría interpretar la de aquel que no puede soportar ningún mal. Ve entonces si no bastaría con hablar de un espíritu invulnerable o de un espíritu que se coloca más allá de todo sufrimiento. Lo siguiente difiere entre nosotros y ellos: nuestro sabio vence todo aquello que lo afecta, pero siente, el de ellos directamente no siente nada. El punto común entre nosotros y ellos, es que el sabio se basta a si mismo. Pero sin embargo, bien que autosuficiente, quiere tener amigos, vecinos y camaradas.

Ve hasta que punto se contenta de sí mismo: a veces se conforma hasta con lo que queda de él. Si su mano le es cercenada a causa de una enfermedad o por un enemigo, si por accidente pierde un ojo o los ojos, se contentaría con su vestigio y aun con un cuerpo estropeado y amputado sería tan feliz como cuando estaba íntegro; no obstante, bien que no lamenta lo que perdió, hubiera preferido no perderlo. Así se basta el sabio a sí mismo, no es que quiera estar sin amigos sino que podría; y cuando digo podría, significo que soporta las pérdidas con ánimo igual. Sin amigos, de seguro, no se quedará nunca: en su potestad está lo que rápido restaura. Del mismo modo que Fidias, si hubiere perdido una estatua haría inmediatamente otra, tal cual este artífice en hacer amigos substituiría otro en el lugar del que perdió.

¿Preguntas de qué modo hacer rápidamente amigos? Te lo digo, si tu y yo convenimos que ya mismo salde lo que te debo y que en cuanto a esta carta quedemos parejos. Hecatón dice "yo te mostraré como ser amado sin pociones, sin hierbas, sin ningún tipo de fórmula mágica: si quieres ser amado, ama". Por otra parte, no tan solo mantener viejas y probadas amistades entraña un gran placer, sino también comenzar y cultivar nuevas. La diferencia entre el agricultor que siembra y aquel que cosecha es la misma que existe entre aquel que ya entabló una amistad y el que la inicia. El filósofo Atalo solía decir que más agradable es hacer amigos que tenerlos "así como para el artista es más placentero pintar que haber pintado". Aquella tensión ocupada en su obra lleva consigo un ingente embelesamiento que radica en la ocupación en sí misma: una vez que quitó las manos de la obra el deleite no es el mismo, a partir de ese momento disfruta del fruto de su arte; mientras pintaba disfrutaba del arte en sí. Más fecunda es la adolescencia de los hijos pero más dulce la infancia.

Ahora regresemos a nuestro propósito. El sabio, si bien se basta a sí mismo quiere no obstante tener amigos, sin nada más en vista que el ejercicio la amistad, para que tamaña virtud no dormite. No con la finalidad que decía Epicuro en esa misma carta "para tener quien se siente a nuestro lado si uno se enferma, para que nos socorra si arrojados a los hierros o en la indigencia", pero para tener a quien a cuyo lado sentarnos si él estuviere enfermo o para liberarlo de la prisión aun si se econtrase rodeado de enemigos. Quien mira a si mismo y por tal razón busca amigos, piensa mal. Tal como comienza, así termina: si se hizo de un amigo para que lo asista contra el cautiverio, ni bien crepiten las cadenas éste se batirá en retirada.

Esas son las amistadas que el pueblo llama temporarias, asumidas por razón de conveniencia: placen en tanto y en cuanto fueren útiles. Por eso a los florecientes circunda una turba de amigos; en torno a los arruinados ronda la soledad, allí mismo donde son puestos a prueba, huyen los amigos. De esto, los más nefarios ejemplos son los que por miedo abandonan, los que por miedo traicionan. Ineludiblemente, entre el inicio y el final existe congruencia: el que se vuelve amigo por conveniencia, deja de serlo por conveniencia; cualquier precio contra de la amistad es bueno, si alguno en ella se puso más allá de ella misma. ¿Para qué hacerme de un amigo? Para tener por quien pueda morir, para tener a quien seguir en el exilio, a quien defender de la muerte incluso al precio de mi vida. Lo que tu describes es un negocio que persigue el acomodo, que mira hacia lo que se podría obtener, no amistad.

Sin duda tiene alguna similitud el afecto de la amistad con el del amor; tu podrías hasta decir que este es la insania de la amistad. Ahora bien, ¿es que entonces alguien podría amar por motivo de lucro? ¿por ambición o por gloria? Por sí mismo el amor descuida toda otra cosa, enciende los espíritus por el deseo de la belleza, no sin la esperanza de un amor correspondido. ¿Qué entonces? ¿De una causa más honesta puede surgir un afecto más indecente? "No se trata ahora de eso" - dices - "de saber si la amistad es de desear por ella misma". ¡Pero si! Nada hay que sea más necesario de probar: si la amistad es deseable por sí misma, puede acceder a ella quien se basta a sí mismo. ¿De qué manera se accede entonces? Como a lo pulquérrimo: ni motivado por el lucro, ni aterrorizado por los cambios de fortuna; se priva a la amistad de su majestad cuando se la cultiva para obtener un buen caso. "El sabio se basta a sí mismo". Esto, mi Lucilio, es interpretado erróneamente por la mayoría: al sabio lo relegan de todos lados y lo confinan dentro de su piel. Debe distinguirse en efecto qué significa esta locución y cual es su alcance: el sabio se basta a sí mismo para vivir feliz, no para vivir; para esto último necesita en efecto de muchas cosas; para lo primero, sólo de un espíritu sano, derecho y desdeñoso de la fortuna.

Quiero indicarte también una distinción de Crísipo. Dice que el sabio no carece de nada, pero que sin embargo muchas cosas le serían necesarias: "por el contrario, para el imbécil nada es necesario (ya que no sabe servirse de nada), pero carece de todo." Al sabio, sus manos, ojos y muchas cosas indispensables para el uso cotidiano le son provechosas, pero no carece de nada; carecer es en efecto necesidad; nada es necesario al sabio. En consecuencia, bien que se contentaría consigo mismo, los amigos le son provechosos y quisiera tener tantos como posibles, no para vivir feliz, vive en efecto feliz incluso sin amigos. El sumo bien no requiere instrumentos extrínsecos, es cultivado en casa propia; se extrae íntegramente de si mismo: comenzaría a sujetarse a la fortuna si requiriese partes de fuera de sí.

"¿Qué destino sin embargo el de la vida del sabio, si quedando sin amigos, es arrojado en prisión o despojado en un país lejano o demorado en una larga travesía o abandonado en un litoral desierto?" El mismo que el de Júpiter, quien disuelto el mundo y confundidos los dioses en uno, detenida un instante la naturaleza, se reposa en sí mismo absorto en sus meditaciones. Tal cual hace el sabio: se recoge en sí mismo, está consigo. De seguro que, cuando le es permitido ordenar por su arbitrio sus cosas, el sabio se basta a sí mismo pero toma mujer, se basta a sí mismo y cría hijos; se basta a si mismo y sin embargo no viviría si hubiere de vivir sin los hombres. Hacia la amistad no lo lleva ninguna conveniencia propia, sino el impuso natural, porque entre las cosas que para nosotros poseen innata dulzura, se encuentra la amistad. Tan grande como el odio a la soledad es la voluntad de vida social y así como la naturaleza concilia al hombre con el hombre, ínsito llevamos el aguijon que nos hace ávidos de amistad. No obstante, aun amando sin común medida a sus amigos, aun igualándolos, frecuentemente prefieriéndolos a sí mismo, delimitará dentro de sí todo lo valioso y dirá lo que Estilbón, a quien Epicuro cuestiona en su carta. Aquel, sometida su patria, habiendo perdido sus hijos, habiendo perdido su esposa, emergía solitario y sin embargo feliz del incendio general. Cuando interrogado por Demetrio (cuyo sobrenombre Poliorcetes proviene de sus devastaciones de ciudades) si había perdido algo: "Todos mis bienes" - dijo - "están conmigo."

¡He allí un hombre fuerte y de coraje! Incluso del vencedor venció la victoria. "Nada" - dijo - "he perdido": a dudar los forzó si habían vencido. "Todo lo mio está conmigo": la justicia, la virtud, la prudencia, aquello mismo de no creer un bien lo que puede ser arrebatado. Admiramos algunos animales que pueden atravesar las llamas sin sufrir daño corporal alguno: ¡cuánto más admirable es un hombre que a través de hierros, ruinas y fuego, se evade incólume e indemne! ¿Ves cuánto más fácil es vencer todo un ejército que un solo hombre? Aquellas palabras aquel la comparte con el estoico: al igual que este, acarrea sus bienes intactos a través de urbes en cenizas; porque se contenta de sí mismo, porque él mismo delimita las fronteras de su felicidad. No creas que nosotros somos los únicos en lanzar nobles palabras, el mismo censor de Estilbón, Epicuro, pronunció voces similares a las suyas. Recíbelas como presente, si bien ya saldé mi deuda del día: "Aquel" - dice - "que no se siente colmado con lo suyo, fuere señor de todo el mundo, será desgraciado". O bien, si de esta manera se ve para tí mejor enunciado - esto es útil en efecto para que no nos sujetemos tanto a las palabras como al sentido - "Es desgraciado aquel que no se juzga a sí mismo felicísimo, aunque domine el mundo." Para que sepas que esto pertenece también al sentido común, dictado sin duda por la naturaleza, en lo de un poeta cómico encuentras: "no es feliz, el que no se piensa feliz"

¿Qué importa en efecto cuál fuere tu situación, si para ti se ve mala? "¿Qué entonces?" - preguntas - "si feliz se dijere algún rico infame, señor de muchos pero todavía de muchos más esclavo, ¿sería feliz por obra de su sentencia?" No es lo que diga sino lo que sienta lo que importa, tampoco lo que sienta un sólo día, sino asiduamente. Por otra parte no es de temer que tal cosa acontezca a un indigno: salvo al sabio, lo propio no place; la imbecilidad sufre de su asco por sí misma.

Que sigas bien.





Lucio Anneo Séneca fue un filósofo romano conocido por sus obras de carácter moralista. Fue tutor y consejero del emperador Nerón. Del receptor de estas cartas, Lucilio, la tradición medieval y renacentista afirmaba que fue un procurador romano. Sin embargo, actualmente la existencia histórica de Lucilio se ha puesto en duda. No hay ninguna fuente histórica que lo mencione. Así que se ignora si realmente existió, y de haber existido, quién fue. Las "Cartas a Lucilio", son un conjunto de 124 cartas escritas por Séneca a Lucilio durante los tres últimos años de su vida. Estas cartas recogen el fruto de una larga experiencia y contienen las reflexiones más profundas sobre las contradicciones de la condición humana.

09 septiembre 2009

Cartas de Lord Byron





A Thomas Moore, poeta irlandés y amigo:



Venecia, 17 de noviembre de 1816

Te escribí desde Verona el otro día de viaje hacia aquí, y espero que hayas recibido la carta. Recuerdo que hace unos tres años, o quizá más, me contaste que habías recibido una carta de nuestro amigo Sam[uel Rogers] fechada a “bordo de su góndola”. En estos momentos mi góndola me espera en el canal; pero prefiero escribirte desde casa, porque es otoño, y un otoño más inglés que otra cosa. Mi intención es quedarme en Venecia todo el invierno, probablemente, ya que Venecia siempre ha sido (después de Oriente) la isla más verde de mi imaginación. No me ha defraudado, aunque su patente decadencia podría haber defraudado a otras personas. Pero hace ya mucho que estoy familiarizado con las ruinas y no me desagrada la desolación. Además me he enamorado, lo cual, después de caerme al canal (cosa inútil, porque sé nadar), es lo mejor o lo peor que podía hacer. He conseguido un alojamiento espléndido en la casa de un “Mercader de Venecia” que anda siempre ocupado con sus negocios y tiene una mujer de veintidós años. Marianna (así se llama) parece realmente un antílope. Tiene los ojos orientales, grandes y negros, con esa expresión peculiar que rara vez se encuentra entre las europeas -incluso entre las italianas- y que las turcas consiguen aplicándose un tinte a los párpados: una técnica desconocida fuera de ese país, según creo. En ella esta expresión es natural -y algo más que eso. En resumen, que no puedo describir el efecto que producen estos ojos, al menos el que me producen a mí. Sus rasgos son regulares, y algo aquilinos, tiene la boca pequeña, la piel clara y suave, con una leve palidez, la frente notablemente bella, el pelo tiene un brillo oscuro, es rizado y del mismo color que el de Lady J[ersey], su figura es ligera y graciosa, y es una excelente cantante, dicho en términos científicos; su voz normal (es decir, en la conversación) es muy dulce y el candor del dialecto veneciano siempre es grato en boca de una mujer.

Lord BYRON

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A John Murray, su editor


Venecia 27 de diciembre de 1816

Estimado señor- como el demonio del silencio parece haber tomado posesión de usted, he decidido tomarme la revancha por correo. Esta es mi sexta o sèptima carta desde el verano y suiza. Mi ùltima era un requerimiento para que contradijera y sumiera en la confusiòn a ese impostor de cheapside que (segùn supe por una carta de su isla) ha estimado conveniente añadir mi nombre a su espuria poesìa, de la cual no sè nada, ni de su presunta compra, ni de sus condiciones. Espero que al menos haya recibido usted esa carta.

Como supongo que noticias de Venecia deben de revestir un gran interès para usted, le obsequiaré con ellas. Ayer, por ser el día de San Esteban, todas las bocas se pusieron en movimiento, y no hubo más que acordes de violines y espinetas, y todo tipo de boato y diversión en todos los canales de esta ciudad acuática. Yo cené con la condesa Albrizzi y un grupo de paduanos y venecianos, y luego, fui a la opera, al teatro de la fenice (que abre este día para el carnaval), el mejor, por cierto, que he visto en mi vida: supera con mucho a nuestros teatros en belleza y decorados, y los de milán y brescia se inclinan ante él. La ópera y sus sirenas fueron como todas las demás óperas y mujeres, pero el tema de la ópera resulto ser bastante edificante; tanto el argumento como el desarrollo giraban en torno a un suceso narrado por livio, según el cual, unas 150 mujeres casadas envenenaron a sus maridos; los solteros de Roma creían que esta extraordinaria mortalidad sólo era el efecto normal del matrimonio o una pestilencia, pero los Benedictos supervivientes, afectados todos ellos por el cólico, investigaron el asunto y descubrierón que alguien había agregado una droga a su poción, de resultas de lo cual hubo un escándalo y varias demandas judiciales. Éste es real y verdaderamente el tema de la pieza musical en la Fenice, y no puede usted imaginarse qué cosas tan bonitas se cantaron y recitarón acerca de la horrenda strage; a consecuencia de este asunto, la cabeza de una dama estuvo a punto de rodar por orden de un lictor, pero (lamento decirlo) al final la dejo en su sitio, con lo que ella se levanto y canto un trío con los dos cónsules, con el senado en segundo término haciendo de coro. El ballet no se distinguía por nada digno de mención, salvo que la primera bailarina fue presa de convulsiones porque la aplaudieron al pisar la escena, y tuvo que salir el empresario y preguntar si había un médico en la sala. Había un médico griego en mi palco, al que rogué que ofreciera sus servicios, convencido de que si lo hacía aquéllas serían las últimas convulsiones que importunarían a la ballerina, pero se negó. La muchedumbre era enorme, y al salir, como llevaba a una dama bajo mi protección, me ví obligado, para abrirme paso, a golpear a un veneciano e insultar a la república, es decir, a obsequiar a una persona con un puñetazo inglés en la tripa, que lo envío tan lejos como permitían el corredor y la aglomeración. No vino a buscar otro, pero con grandes ademanes de desaprobación y consternación apeló a sus compatriotas, que se rieron de él.

Sigo estudiando armenio por las mañanas y aportando mi ayuda y mi aliento a la parte inglesa de una gramática anglo-armenia que están confeccionando en el convento de San lázaro. El superior de los Frailes es un obispo y una excelente persona, con una barba como un meteoro. Mi preceptor espiritual, pastor y maestro, el padre Pascual, también es un alma docta y pía; estuvo dos años en Inglaterra.

Sigo perdidamente enamorado de la adriática dama de que le hablé en mi carta anterior ( y no ésta, añado para evitar cualquier malentendido, porque la única dama que he mencionado en la primera parte de esta carta es vieja y sabia, dos cosas que he dejado de admirar) y el amor en esta parte del mundo no es ninguna sinecura. Esta es también la época en que todo el mundo urde sus intrigas para el año venidero y busca pareja para el próximo juego.

Y ahora, si usted no me escribe, no sé lo que diré ni lo que haré, ni lo que dejaré de hacer. Mándeme noticias, buenas noticias.

Suyo affmo, etc… B.

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A Douglas Kinnaird, su banquero y su amigo:


Venecia 20 de enero de 1817.

Mi querido Kinnard- tu carta y su contenido ( a saber, los pagarés circulares y la notificación relativa a las 500 libras) han llegado sanos y salvos. Gracias. He estado toda la noche despierto, en la ópera y en el Ridotto y en la mascarada- y el diablo sabe dónde más, asi que me duele la cabeza- pero volvamos a los negocios. Mis asuntos no pueden ser de mucha envergadura. Se podrían resolver sin dificultad si se vendiera Newstead, y si se vendieran Newstead y Rochdale, yo diría que con facilidad. Pero hasta que no nos deshagamos de una de las propiedades o de ambas, mis asuntos siguen en una situación muy desagradable. Por este motivo insisto en que se acelere la venta, incluso a cualquier precio, o casi. Con respecto a Hanson, no sé qué hacer ni que pensar, aunque estoy convencido de que desea lo mejor para mi- y desde luego no es culpa suya el que Claughton no pueda cumplir las condiciones de la venta. Mr. Riley tiene razón, pero no le queda otro remedio que esperar a que podamos hacer algo con la propiedad. Si quiere puede proceder contra eso, pero el producto de mi cerebro- mi manuscrito, mis fantasmas nocturnos, eso es mi propia personalidad, y por Dios que me he ganado esa suma, asi que me la gastaré en lo que a mí me plazca- en viajar y en lo que sea- por lo que te ruego que no le des un ducado a nadie sino a mí, el propietario.

De la publicación no dices ni una palabra, de lo cual deduzco que ha sido un fracaso. Si es asi, dímelo en seguida, más por Murria que por la reputación poética. Pero lo sentiría por Murria, que es muy buen chico. No obstante, como entre unas cosas y otras, en conjunto, y contando desde el principio, Murria debe haber salido ganando, estoy menos preocupado por él de lo que estaría en caso contrario. Tu cita de Shakespeare- no sé, creo que se la aplica Otelo a su mujer- que por cierto era inocente. El moro cometió un error y tú también. Mi deseo de que Murria pague conforme a lo acordado no tiene nada de raro, si recuerdas que hace unos días venció el plazo en que debía haber desembolsado las tres cuartas partes del total. Desde que salí de Inglaterra, mis gastos (en nueve meses) sólo han superado en unos cientos las 2000 libras, asi que no hay nada que decir ni de mis placeres ni de mis riesgos, si tienes en cuenta el territorio recorrido y que llevaba un médico (que a Dios gracias ya se fue) a quien debía pagar y alimentar, un caballero muy necio y extravagante también a cargo del presupuesto. Por cierto, me gustaría saber si Hanson ha podido cobrar algún alquiler (aunque muy poco será en estos tiempos) de Newstead. Si es asi hay algún remanente, también se me puede enviar en forma de pagarés circulares- y ya es hora de que me corresponda algo de mi magnifico suegro Sir Ralf Noel, de quien espero puntualidad y a quien no estoy dispuesto a condonar ninguna de sus obligaciones pendientes. Que cumpla sus plazos- inclusive las minucias.

Dices que se ha ahogado la mujer de Séller. No puede ser!, te refieres a su mujer o a su amante?, MAry Godwing? Espero que no sea ésta. Siento mucho todo lo que pueda afectar al pobre Séller. Además, me preocupa otra persona de su ménage. Ya sabes- y creo que incluso viste una vez a aquella chica tan rara que se me presentó un día, poco antes de irme de Inglaterra. Pero, claro, lo que no sabes es que me la encontré en Ginebra con Séller y con su hermana. Nunca la quise ni simulé quererla, pero un hombre es hombre- y si una chica de 18 años se pone a hacer cabriolas delante de uno a todas horas, la cosa sólo puede acabar de una manera. El resultado de todo esto es que se quedo embarazada y regresó a Inglaterra para contribuir a poblar esa desolada isla. Si esa fecundación se produjo antes o después de abandonar Inglaterra, no lo sé. La conexión carnal había empezado antes de mi marcha, pero en estos días debe de estar a punto de parir,. o lo habrá hecho ya. La pregunta siguiente es si el mocoso es mio. Tengo buenas razones para pensar que sí, porque sé, en la medida en que uno puede saber estas cosas, que no vivía con Séller mientras estuvimos juntos- y en cambio sí tuvo abundante contacto conmigo. Esto pasa por andar metiendo la nariz por todos lados (como lo llama Jackson) en maldita sea la hora- y asi es como vienen las personas a este mundo.

Dices que te gustaría verme de regreso en Inglaterra, porque?, para qué? Mis asuntos económicos- preferiría que se resolvieran sin mí. Repito que vuestro país no es país para mí. No siento mi ambición ni aprecio por vuestra politica, y no podeís ofrecerme nada que no encuentre, y mejor, en otra parte. Además, Carolina Lamb y Lady Byron (mi Lucy y mi Polly) han destruído mi existencia moral entre vosotros, y ya estoy harto de ser el tema de sus mutuas falsedades. En 10 años conseguiré olvidar incluso vuestro idioma y estoy completamente seguro de que – pero en este momento no dispongo de tiempo ni de espacio para seguir con la diatriba.

Recibe un afectuoso saludo de tu amigo. B.

PS. Por favor, escribe pronto.

Venecia y yo nos llevamos muy bien. Por las mañanas estudio armenio y por la noches salgo algunas veces- y acabo invariablemente copulando. Ya te hablé de mi liaison en una carta anterior. Aún sigue, y probablemente seguirá, pero me ha retenido aquí en lugar de vagabundear por el país. El carnaval ha empezado, pero las mascaradas no llegarán a su apogeo hasta dentro de unas semanas. Hay una ópera fantástica y varios teatros. Catalani ha de llegar el día 20. La sociedad es como la de cualquier país extranjero. La frecuento tanto como quiero- y podría hacerlo más si me apeteciera.

Recibe el más afectuoso saludo de tu amigo. B

PS. Mis respetos a Madame. Por favor, responde a mis cartas y hablame de cualquier cosa salvo de mi-familia- llamésmole así, porque la otra palabra me pone malo.

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Venecia, 24 de abril de 1819.

Querido Douglas:

Me he enamorado este último mes de una condesa Romañesa de Ravena, esposa desde hace un año del conde guiccioli, que tiene sesenta años- la chica veinte. Él tiene ochenta mil ducados de renta y ha tenido antes dos mujeres, pero tiene sesenta años. Ella es hermosa como el alba y cálida como el mediodía. Sólo hemos tenido diez días para organizar nuestros pequeños asuntos, con su principio, su mitad y final, y lo hemos conseguido; y yo he cumplido con mi deber, con la correspondiente consumación. Pero ella es jóven y no estaba satisfecha con lo que habíamos hecho si no redundaba en beneficio del público, de modo que armó una conmoción que dejó atónitos incluso a los venecianos y electrificó las converzacioni de los Benzone, los Albrizzi y los Michelli - y puso en un aprieto a su señor marido. Se han vuelto a ravena por un tiempo, pero regresarán en invierno. Es la mujer más rara que jamás he visto- porque las mujeres, por lo general, algo cuestan, de una manera o de otra, pero en este caso, por una extraña combinación de circunstancias, yo me he convertido en un gasto para ella- contra mi costumbre; pero bueno, un accidente no tiene importancia. Ella es una especie de Caroline Lamb italiana, aunque mucho más hermosa, y no tan salvaje. Pero tiene la misma fogosidad de espiritu, el mismo noble desdén por la opinión pública - con la superestructura de todolo que Italia puede añadir a estas disposiciones naturales. Sin duda aquí puede llegar mucho más lejos con impunidad, ya que el rango de su marido le garantiza la entrada en todas partes, incluida la corte, y como ésta ha sido su primera escapada después del matrimonio, el comprensivo mundo se ha mostrado liberal. Ella pertenece también a la nobleza de Ravena, educada en un convento, sacrificio a la Riqueza, deber filial y todo eso. Estoy perdidamente enamorado, pero se ha ido, se ha ido por muchos meses; y a decir verdad, sólo la esperanza me mantiene vivo.

Tuyo, (trazo sin firma).

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A John Cam Hobhouse, su amigo y mentor:


Venecia, 7 de Marzo de 1817.

Mi querido Hobhouse- recibí tus dos cartas y contesté a la primera. La segunda era desde roma y a ésta mi indecisión me ha impedido contestar. Tenía pensado reunirme contigo pero he estado remoloneando hasta que ya es demasiado tarde porque la afluencia de exytanjeros previa a la semana santa y la inminencia de la primavera (que es, según creo, la estación de la Malaria) harían mi estancia demasiado corta para cualquier propósito útil salvo el de atosigarme mientras estuviera ahí.

El carnaval ha sido bastante alegre y disparatado, es decir, que lo he pasado muy bien. Estuvieron aquí dos ingleses, uno de los cuales se presentó a sí mismo ( y a su amigo) como amigo del Capitán George Byron; su nombre era Capitán Stuart de la marina-una persona agradable. Los recomendé a Made. Helen de los Albrizzi y fui con ellos al Ridotto, a la Fenice (donde yo tenía un palco) y a las mascaradas que parecían divertidas y les di una carta para el Col. Fitz de Milán, y un mensaje para Breme. Lamento decir que no veo ninguna posibilidad de que nos encontremos en Roma, lo cual es enteramente culpa mía y lo lamento en estremo- en primer lugar, porque preferiría ver esa ciudad contigo antes que con ninguna otra persona, y en segundo lugar porque he de verla, de ser posible, antes de volver a democratizar Inglaterra.

Hace poco el Dr. Skinas me propuso, a través de Musoxithi y de Made. Albrizzi, acompañarme a Grecia, a lo que me negué, debido a la Epidemia que hay allí y a la Cuarentena indefinida al regreso.

En los últimos días he tenido noticias recientes de Inglaterra,. Scrope, prosperando, según parece. Kinnaird, bien de salud y con grandes prisas, como de costumbre. Burdett y la politica, avanzando. El hermano de Walter Scott (que estuvo confinado en la Isla de Man por malversación de los negocios de Lord Sommerville o por no haber podido dar cuenta de sus cuentas y se fue hace poco al Canadá) es indiscutiblemente (dice Murray) el autor de Waverley y de otro librero, Cuentos de mis caseros, considerado casi unánimemente superior en mucho a todo lo anterior. Murray me lo envió pero no lo he recibido- y me temo que su llegada sea incierta. Wedderburn Webster, habiendo sido objeto de burla en el Quarterly, ha respondido al director con una carta dirigida al docto Perry, que acaba despidiéndose (del director del Quarterly) con sentimientos de desprecio y olvido. Me temo que no hará ninguna gracia que a este mismo genio maléfico de Webster le dé por responder a los críticos, porque recuerdo que en Suiza lo enviaste al diablo a él y a su prólogo por haber tomado en vano con sus torpes cumplidos el nombre de un amigo tuyo, no tanto por tu amigo como por un prólogo que tú pensabas escribir y en el que querías mostrarte gentil.

El patriarca de Venecia fue consagrado el domingo pasado y la corte de Viena dispuso por edicto que fuera conducido a San Marcos en una carroza de cuatro caballos. pero eso (como dice Incledon en el hijo y heredero de sir william Meadows). Cómo puedes suponer, los venecianos sonrieron ante los conocimientos de topografía desplegados en este decreto cesáreo, que era verdaderamente germánico hasta la médula.

Catalani cantó aquí en tres o cuatro Academias y se llevó una respetable cantidad de liras venecianas. Su voz me pareció la misma de siempre y no ha envejecido ni de figura ni de cara. su signor procolo Monseñor (no recuerdo el nombre) se puso en ridículo, por lo que cuentan de su comportamiento, exactamente igual que en Londres, donde quedó como un prodigioso farsante.

He tenido dos veces noticia del doctor Polidori, que ha estado visitando enfermos en Pisa, ha escrito una tragedia llamada el Duque de Atenas y ahora va camino a Inglaterra y de allí tiene pensado irse a los Brasiles con el cónsul danés ( a quien encontró en Pisa) a enseñar medicina a los portugueses, que sienten por ella una desmedida afición. Ví a tu correspondiente de Sir. R. Wn., la condesa Mustani, con Madame Albrizzi. Me preguntó por ti con gran gentileza y lamentó no haber estado en Verona cuando tú pasaste por ahí. Es una mujer agradable, madura y bastante guapa, de unos treinta y siete veranos de edad. No tengo la menor idea de adónde iré ni qué voy a hacer.

Siempre tuyo afectísimo, B.

Ps. Mis reverencias a Bailey si todavía sigue en Roma.




Byron escribió estas cartas durante su estancia en Venecia. Pertenecen al libro "Débil es la carne: Correspondencia veneciana (1816-1819)".

Cartas de Camilo José Cela




A LUIS CERNUDA:


Palma de Mallorca, 7 de febrero de 1958

Sr. D. Luis Cernuda

México

Mi querido y admirado Luis Cernuda,

Me tranquiliza saber que llegaron las separatas de sus versos. Gracias por el ejemplar que me anuncia; los envíos por correo ordinario suelen tomar la cosa con cierta paciencia pero, al final, acaban por llegar.
Mándeme cosas, lo que desee. Quiero que sepa que de mi revista dispone usted y quienes, como usted, son mis amigos.

Me he impuesto la tarea, no siempre grata, de ser la cabeza de puente y a veces, la cabeza de turco— de lo que creo más auténtico y sano de los españoles de nuestro amargo tiempo.

Pero necesito y ciertamente, encuentro y agradezco el apoyo de quienes más distingo. Hágame llegar sus versos o sus prosas en el buen entendimiento de que se publicarán en el acto. Y con todos los respetos y todos los cariños que mereceny que me honro en proclamar.

Permítame que le envíe mi más sincero abrazo. Soy suyo devoto lector y buen amigo,

P. D. Comunico a Caballero Bonald, que está en Madrid, el contenido del párrafo que le dedica en su carta. él vive en Virgen de la Consolación, 3 - Barrio de la Concepción - Madrid, claro.

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A MAX AUB:


Palma de Mallorca, 22 de junio de 1958

Sr. D. Max Aub

México

Querido Max,

Sueño, desde hace tiempo, con publicar algo de mi viejo y admirado León Felipe. En mi Viaje a la Alcarria (1945) le aludía, tan breve como cariñosamente; creo que fue la vez primera que su nombre apareció en letra de molde en España después del 1939, e ignoro si él y tú conocíais este mínimo tributo que le rendí. Pero prefiero esperar a tener unos poemas inéditos, si quiere dármelos, y así te ruego que se los pidas. Haz un poco el papel de cónsul de la revista en esa latitud. Preparo un n. Homenaje a Vicente [Aleixandre] y a Dámaso [Alonso] con motivo de sus sesenta años. ¿Querría hacer unos versos a cualquiera de los dos? La nueva presencia de la voz de León Felipe en Celtiberia no debe hacerse con un breve prólogo a un libro de poemas, aunque sea tan estremecidamente bello y noble como sus «Palabras...», sino, precisamente, con unos poemas. El tema, de amarga hondura poética, podría ser el mismo. Y sería histórico.

Desde mi retiro voluntario de Mallorca quiero organizar, ignoro si insensatamente, la unión de los españoles por la vía de la inteligencia y no por la del movedizo sentimiento o la creencia mágica. Ayudadme, el viejo y tú.

Creo que habéis acertado con vuestros premios. Ojalá.

Un fuerte abrazo,

El otro día estuve en tu Valencia, por mor de conferencias. Te dediqué un recuerdo.

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A EMILIO PRADOS:



Palma de Mallorca, 3 de marzo de 1958

Sr. D. Emilio Prados

México

Mi querido y admirado poeta amigo,

Me llega su última carta, la de 22 de febrero. No le contesté a las anteriores, pensando en poder hacerlo con el envío de sus poemas en mi revista y sus correspondientes separatas. Pero me apresuro ahora a ponerle estas lineas, para tranquilizarle. Yo sé muy bien lo que son estas afortunadas impaciencias del parto, este flujo y reflujo, este ir y venir del alma: de la memoria, del entendimiento y de la voluntad, según nos explicaban en la escuela. No tema molestarme nunca con sus marchas adelante y atrás. Los amigos si, realmente lo somos, estamos para entender al amigo. Para saber entenderlo y no para ninguna otra cosa.

Sus poemas van en este n.º de marzo. Llegó su último poema, que incluyo con los otros que usted tuvo la gentileza de enviarme.

Hemos llegado a tiempo del nuevo cambio de título; esta tarde iban a tirar el pliego y ya hemos podido hacer la oportuna corrección. Me alegro haber podido complacerle.

Ahora, ya con estos versos casi en la calle, quiero hacerle un ruego: envíeme más, envíeme lo que quiera. En Papeles manda usted, mandan ustedes, mis amigos. No es vana palabrería; es una muy honda verdad. Le aseguro que para eso los fundé: para que fuesen la sosegada -aunque minúscula- esquina de la historia de España en la que los españoles de buena voluntad (que si vamos a contarlos a lo mejor no somos tan pocos como pensamos) podamos hablar, sin gritar, y entendernos y hacernos entender. Le juro que no soy San Francisco de Asís. Un abrazo muy fuerte de

Camilo José Cela






Camilo José Cela Trulock (1916-2002) fue un escritor español. Desde muy joven compuso poesía, pero su personalidad literaria se desarrolló como prosista. En 1989 le otorgaron el Premio Nobel de Literatura, y en 1995, el Premio Cervantes. En 1996 le concedieron el título nobiliario de Marqués de Iria Flavia, por su cultivo de la lengua castellana y su extraordinaria colaboración literaria reconocidas universalmente. Murió el 17 de enero de 2002. Estas cartas pertenecen al libro "Correspondencia con el exilio", que reúne las cartas que Cela cruzó con importantes escritores españoles exiliados del país. Un testimonio indispensable sobre la actividad intelectual de Cela y sobre sus vínculos con la "otra mitad" de la cultura española.

Cartas de Voltaire y Rousseau





Voltaire escribió esta carta a Rousseau cuando éste último le envió el texto de El contrato social:




30 agosto 1755

No se pueden pintar con colores más fuertes los horrores de la sociedad humana, donde nuestra ignorancia y nuestra debilidad se permiten tantas consolaciones. Nunca se ha empleado tanto espíritu para querer convertirnos en bestias. Cuando se lee su obra, se sienten deseos de andar a cuatro patas. Pero tengo ya sesenta años y he perdido el hábito. Siento que por desgracia me es imposible practicarlo. Dejo esta manera natural de ir a aquellos que son más dignos que usted y que yo. Tampoco puedo embarcarme para ir a encontrar los salvajes de Canadá precisamente porque las enfermedades que he acumulado me retienen cerca de los grandes médicos de Europa y que no encontraría la misma seguridad entre los (indios) misuris. En segundo lugar, la guerra ha llegado a esos países y que los ejemplos de nuestras naciones han convertido a los salvajes en casi tan malos como nosotros. Yo me limito a ser un salvaje apacible en la soledad que he elegido en vuestra patria, donde usted debería estar. Estoy de acuerdo con usted en que las bellas artes y las ciencias han causado mucho mal.

Los enemigos de Tasso hicieron de su vida un tejido de desgracias; los de Galileo le hicieron gemir en la prisión a los setenta años de edad, por haber conocido el movimiento de la tierra, y aún más vergonzoso fue que le obligaran a retractarse. Desde que vuestros amigos habían comenzado el Diccionario enciclopédico, los que osaron ser sus enemigos los tildaron de teístas, ateos e incluso de jansenistas. Pero de todas las amarguras expandidas sobre la tierra, éstas no son las más funestas. Las espinas pegadas a la literatura y un poco de reputación no son más que flores en comparación con los males que desde todos los tiempos han inundado la tierra. (...) Debéis confesar que ni Cicerón, ni Varrón, ni Lucrecia, ni Virgilio, ni Horacio han tomado la menor parte en los destierros. Mario era un ignorante, el bárbaro Syllas, el crapuloso Antonio, el imbécil Lipide (Marco Antonio Lépido) leyeron poco a Platón y a Sófocles... Confesad que ni Petrarca ni Boccacio hicieron nacer los problemas de Italia". Confesad que la retórica de Marot no ha producido (la matanza de)Saint Bartolomé y que la tragedia del Cid no causó los problemas de la Fronda. (...) Los grandes crímenes no han sido cometidos más que por célebres ignorantes. Lo que ha convertido, y convertirá, este mundo en un valle de lágrimas es el insaciable deseo y el indomable orgullo de los hombres...

Las letras alimentan el alma, la rectifican, la consuelan, ellas le sirven. (...) Señor, en el tiempo en que usted escribía contra ellas, usted era como Aquiles que se levanta contra la gloria, o como P. Malebranch cuya imaginación brillante escribía contra la imaginación. Si alguien debiera quejarse de las letras soy yo, ya que en todos los tiempos y en todos los lugares ellas han servido para perseguirme, pero hay que amarlas a pesar de los abusos que se han cometido, como hay que amar la sociedad donde los hombres malos corrompen las dulzuras, como hace falta amar la patria, aunque en ella surjan injusticias, como hace falta amar al ser supremo, a pesar de las supersticiones y los fanatismos que deshonran tan frecuentemente el culto.

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Rousseau responde a Voltaire con la siguiente carta. Señala implacablemente las contradicciones del pensamiento de su oponente.



10 de septiembre de 1755

Sabed que yo no aspiro a restableceros en vuestra bestialidad, aunque por mi parte lamento lo poco que he perdido de ella. En cuanto a usted se refiere, señor, este retorno sería un milagro tan grande a la vez y tan nocivo que correspondería a Dios hacerlo y al Diablo desearlo. (...) No se sienta tentado a recaer en cuatro patas. Nadie en el mundo lo logrará menos que usted.

Acepto todas las desgracias que persiguen a los hombres célebres en las letras. Incluso acepto todos los males correspondientes a la humanidad y que parecen independientes de nuestros vanos conocimientos. Los hombres han abierto sobre sí mismos tantas fuentes de miseria que, cuando el azar se vuelve contra alguno, no deja de ser poco afectado. (...) Por otra parte, hay en el progreso de las cosas relaciones escondidas que el hombre vulgar no percibe pero que no escapan al ojo del sabio cuando éste reflexiona. No son ni Terencio, ni Cicerón, ni Virgilio, ni Séneca, ni Tácito, no son ni los sabios ni los poetas quienes producen los males de Roma y los crímenes de los romanos, sino que son los venenos lentos y secretos que van corrompiendo poco a poco al más vigoroso de los gobiernos que conoce la historia. Ni Cicerón, ni Lucrecia, ni Salustio hubieran podido existir si no hubieran escrito.

El gusto de las artes y las letras nace en un pueblo de un vicio interior que aumenta. No es cierto que todos los progresos humanos sean perniciosos a la especie. Son el espíritu y el conocimiento los que aumentaron nuestro orgullo y multiplicaron nuestros desvíos, aceleraron nuestros males, pero llega un tiempo en el que el mal alcanza tal grado que las causas mismas que lo hicieron nacer son necesarias para poder impedir que aumente. (...) En cuanto a mi se refiere, si yo hubiera seguido mi primera vocación y no hubiera leído y escrito, yo habría sido más feliz sin duda alguna; sin embargo sin las letras se hubieran mantenido aniquiladas, yo me hubiera privado del único placer que me queda. Es en su seno que yo me consuelo de todos mis males; es entre aquellos que las cultivan que yo gusto de la dulzura de la amistad y que aprendo a gozar de la vida sin temor a la muerte.

Si buscamos la fuente primera de los males de la humanidad, encontraremos que todos los males de los hombres provienen más del error que de la ignorancia y que lo que no sabemos nos molesta menos que lo que creemos saber. ¿y que conduce a correr de error en error que no sea el furor de saberlo todo?. (...) Si no se hubiera pretendido saber que la tierra no giraba, no se hubiera castigado a Galileo por haber dicho que giraba. Si los filósofos no hubieran reclamado este título, no habrían sido perseguidos los enciclopedistas. (...) No me sorprende encontrar que las espinas son inseparables de las flores que coronan los grandes talentos.

Aprecio vuestra invitación y, si este invierno me deja en condiciones para ir en primavera a mi patria, aprovecharé vuestra bondadosa invitación, pero preferiré beber el agua de vuestra fuente que la leche de vuestras vacas, y en cuanto a las hierbas de vuestro vergel, temo que no encontraré otra cosa que lotos, que no son pasto para las bestias, Y la Moly, que impide que los hombres se hagan (demasiado) humanos.






Voltaire y Rousseau fueros unos escritores y filósofos franceses. La retórica persuasiva de unos escritos de Rousseau provocaron la burla por parte de Voltaire, y por ello los dos fueron enemigos enconados. Las polémicas personales mantenidas por Voltaire, a lo largo de su existencia, la más violenta fue la que tuvo frente y contra Rousseau. Ambos vivieron y murieron enfrentados.

Cartas de Charlotte Brontë y Robert Southey





A los veintiún años, Charlotte Brontë envió sus primeros escritos al poeta Robert Southey con el fin de recabar su opinión. La respuesta de éste fue rápida y tajante:



Señora:

[…] La literatura no es asunto de mujeres, y no debería serlo nunca. Cuanto más ocupada esté con sus propios deberes, menos placer obtendrá de ella, ya sea como perfeccionamiento o como ocio. No ha sido usted llamada a estos deberes, y cuando lo sea, tendrá menos ansias de celebridad. No buscará la emoción en la imaginación, pues ya traerán demasiada las vicisitudes de esta vida y las angustias de las que no ha de esperar quedar exenta, sea cual fuere su estado.

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a lo que Charlotte contestó graciosamente:



Si la perfección cristiana es necesaria para salvarse, yo nunca me salvaré; mi corazón es un semillero de pensamientos pecaminosos. […] Por las noches, lo confieso, pienso, pero nunca molesto a nadie con mis pensamientos. Evito con cuidado cualquier apariencia de preocupación y excentricidad que pudiera llevar a aquellos entre quienes vivo a sospechar de la naturaleza de mis búsquedas […]. No solo me he propuesto observar atentamente todos los deberes que una mujer debe realizar, sino que estoy profundamente interesada en ellos. No siempre lo consigo, porque a veces cuando estoy enseñando o cosiendo, preferiría estar leyendo o escribiendo, pero intento negarme a mí misma. […] Permítame una vez más darle las gracias con sincera gratitud. Confío en no volver a tener nunca más ambiciones de ver mi nombre impreso; de aparecer tal deseo, miraré la carta de Southey y lo reprimiré.

Carta de Friedrich Engels a K. Kautsky.


Londres, 23 de febrero de 1891.

Querido Kautsky:

Habrás recibido mi apresurada felicitación de anteayer. Volvamos, pues, ahora a nuestro asunto, a la carta de Marx.

El temor de que proporcionase un arma a los adversarios, era infundado. Insinuaciones malignas pueden ser vertidas contra todos y contra todo, pero, en conjunto, la impresión que produjo entre los adversarios fue de completa perplejidad ante esta implacable autocrítica, y el sentimiento de ¡qué fuerza interior debe tener un partido para poder permitirse tales lujos! Esto es lo que se deduce de los periódicos de los adversarios que me has enviado (¡muchas gracias!) y de los que han llegado a mis manos por otros conductos. Y, francamente hablando, ésta fue la intención con que yo publiqué el documento. No ignoraba yo que en algunos sitios iba a producir, en el primer instante, mucha desazón, pero esto era inevitable, y el contenido del documento pesó en mí más que otras consideraciones. Sabía que el partido era sobradamente fuerte para aguantarlo y calculé que también ahora aguantaría aquel lenguaje franco, empleado hace quince años, y que se señalaría con justificado orgullo esta prueba de fuerza y se diría: ¿qué partido puede atreverse a hacer otro tanto? Pero el decirlo se ha dejado a cargo de los "Arbeiter Zeitung" de Sajonia y de Viena y del "Züricher Post".

Es magnífico de tu parte el que cargues con la responsabilidad de publicarlo en el número 21 de la "Neue Zeit", pero no olvides que el primer empujón lo di yo, poniéndote, además, por decirlo así, entre la espada y la pared. Por eso recabo para mí la principal responsabilidad. En cuanto a los detalles, sobre esto siempre se pueden tener diversos criterios. He tachado y cambiado todas aquellas cosas a las que tú y Dietz habíais puesto reparos, y si Dietz hubiese señalado más lugares, yo hubiera procurado, dentro de lo posible, ser transigente; siempre os he dado pruebas de ello. Pero, en cuanto a lo esencial, yo tenía el deber de dar publicidad a la cosa, ya que se ponía a debate el programa. Y con mayor motivo después del informe de Liebknecht en Halle, en el que éste, por una parte, utilizó sin escrúpulos extractos del documento como si fuesen suyos, y por otra, lo combatió sin nombrarlo. Marx habría opuesto indispensablemente a semejante versión el original, y yo estaba obligado a hacer lo mismo. Desgraciadamente, entonces no tenía aún el documento, que encontré mucho más tarde, después de larga búsqueda.

Dices que Bebel te escribe que la forma en Marx trata a Lassalle les ha puesto mala sangre a los viejos lassalleanos. Es posible. La gente no conocía la verdadera historia, y no estuvo mal explicársela. Yo no tengo la culpa de que esa gente ignorase que Lassalle debía toda su personalidad al hecho de que Marx le permitió, durante muchos años, adornarse con los frutos de sus investigaciones como si fuesen de él, dejándole además que las tergiversase por falta de preparación en materia de Economía. Pero yo soy el albacea literario de Marx, y esto me impone mis deberes.

Lassalle ha pasado a la historia desde hace 26 años. Y si, mientras estuvo vigente la ley de excepción, la crítica histórica le dejó tanquilo, ya va siendo, por fin, hora de que vuelva por sus fueros y se ponga en claro la posición de Lassalle respecto a Marx. La leyenda que envuelve y glorifica la verdadera figura de Lassalle no puede convertirse en artículo de fe para el partido. Por mucho que se quieran destacar los méritos de Lassalle en el movimiento, su papel histórico dentro de él sigue siendo un papel doble. Al socialista Lassalle le sigue como la sombra al cuerpo el demagogo Lassalle. Por detrás del agitador y organizador Lassalle, asoma el abogado que dirige el proceso de la Hatzfeldt: el mismo cinismo en cuanto a la elección de los medios y la misma predilección por rodearse de gentes turbias y corrompidas, que sólo se utilizan o se desechan como simples instrumentos. Hasta 1862 fue, en su actuación práctica, un demócrata vulgar específicamente prusiano con marcadas inclinaciones bonapartistas (precisamente acabo de releer sus cartas a Marx); luego cambió súbitamente por razones puramente personales y comenzó sus campañas de agitación; y no habían transcurrido dos años, cuando propugnaba que los obreros debían tomar partido por la monarquía contra la burguesía, y se enzarzó en tales intrigas con Bismarck, afín a él en carácter, que forzosamente le habrían conducido a traicionar de hecho el movimiento si, por suerte para él, no le hubiesen pegado un tiro a tiempo. En sus escritos de agitación, las verdades que tomó de Marx están tan embrolladas con sus propias lucubraciones, generalmente falsas, que resulta difícil separar unas cosas de otras. El sector obrero que se siente herido por el juicio de Marx, sólo conoce de Lassalle sus dos años de agitación, y, además, vistos de color de rosa. Pero la crítica histórica no puede prosternarse eternamente ante tales prejuicios. Para mí, era un deber descubrir de una vez las verdaderas relaciones entre Marx y Lassalle. Ya está hecho. Con esto puedo contentarme, por el momento. Además, yo mismo tengo ahora otras cosas que hacer. Y el implacable juicio de Marx sobre Lassalle, ya publicado, se encargará por sí solo de surtir su efecto e infundir ánimos a otros. Pero, si me viese obligado a ello, no tendría más remedio que acabar de una vez para siempre con la leyenda de Lassalle.

Tiene gracia el que en la minoría hayan aparecido voces que exigen se imponga una censura a "Neue Zeit". ¿Es el fantasma de la dictadura de la minoría del tiempo de la ley contra los socialistas (dictadura necesaria y magníficamente dirigida entonces), o son recuerdos de la difunta organización cuartelera de von Schweitzer? Es, en verdad, una idea genial pensar en someter la ciencia socialista alemana, después de haberla liberado de la ley contra los socialistas de Bismarck, a una nueva ley antisocialista que habrían de fabricar y poner en ejecución las propias autoridades del Partido Socialdemócrata. Por lo demás, la propia naturaleza ha dispuesto que los árboles no crezcan hasta el cielo.

El artículo del "Vorwärts" no me inquieta mucho. Esperaré a que Liebknecht relate a su manera lo ocurrido, y después contestaré a ambos en el tono más amistoso posible. Habrá que corregir algunas inexactitudes del artículo del "Vorwärts" (por ejemplo, la de que nosotros no queríamos la unificación, que los acontecimientos han venido a probar que Marx no estaba en lo cierto, etc.); también habrá que confirmar algunas cosas evidentes. Con esta respuesta pienso dar por terminado, en cuanto a mí, el debate, caso de que nuevos ataques o afirmaciones inexactas no me obliguen a dar nuevos pasos.

Dile a Dietz que estoy trabajando en la nueva edición del "Origen". Pero hoy me escribe Fischer que quiere ¡tres prólogos nuevos!.

Tuyo, F. E.






Engels fue un filósofo y revolucionario alemán. Amigo y colaborador de Marx, fue coautor con él de obras fundamentales para el nacimiento de los movimientos socialista, comunista y sindical, y dirigente político de la Primera y de la Segunda Internacional. Kautsky fue uno de los líderes de la socialdemocracia alemana, ideólogo del centrismo. A partir de 1881, influido por Marx y Engels, se adhirió a las posiciones del marxismo.

Carta de Karl Marx a Arnold Ruge


De Marx para Ruge

Kreuznach, septiembre de 1843

Me alegra que se haya decidido y que, habiendo dejado de mirar el pasado, esté dirigiendo sus pensamientos hacia un nuevo proyecto. Y por ende, hacia Paris, hacia la vieja universidad de filosofía - ¡Absit omen!(que no sea un mal augurio) – y la nueva capital del nuevo mundo. Lo necesario está aconteciendo. No tengo dudas, por lo tanto, de que será posible superar cualquier obstáculo, cuya importancia reconozco.

En cualquier caso, sea posible o no la concreción del proyecto, estaré en París a fin de mes, ya que la atmósfera aquí lo convierte a uno en siervo, y en Alemania no veo ninguna posibilidad para la actividad libre.

En Alemania, todo es suprimido por la fuerza; una verdadera anarquía de la mente, el reino de la estupidez misma, prevalece allí, y Zúrich obedece órdenes de Berlín. Por esto, se vuelve cada vez más obvia la necesidad de buscar un nuevo punto de concentración para el pensamiento genuino y las mentes independientes. Estoy convencido de que nuestro plan responde a una necesidad real, y después de todo, las necesidades reales deben poder satisfacerse en la realidad. Por esto, no tengo dudas acerca de esta iniciativa, siempre y cuando se la lleva acabo seriamente

Las dificultades internas parecen ser mayores que los obstáculos externos. Si bien no caben dudas en cuanto a “de dónde”, gran confusión prevalece en la cuestión “hacia dónde”. No sólo se ha instalado un estado de anarquía general entre los reformistas, sino que todos deberán admitir que no tienen idea exacta de lo que ocurrirá en el futuro. Por otro lado, es precisamente una ventaja de la nueva tendencia la de no anticipar dogmáticamente el mundo, sino que sólo queremos encontrar el nuevo mundo a través de la crítica del viejo. Hasta el momento, los filósofos han tenido la solución de todos los enigmas guardada en sus escritorios, y al estúpido mundo exotérico sólo le bastaba abrir su boca para que cayeran en ella las palomas asadas del conocimiento absoluto. Hoy la filosofía se ha secularizado, y la prueba más contundente es que la misma conciencia filosófica ha sido arrastrada al tormento de la lucha, no sólo externa sino también internamente. Pero, si construir el futuro y asentar todo definitivamente no es nuestro asunto, es más claro aún lo que, al presente, debemos llevar a cabo: me refiero a la crítica despiadada de todo lo existente, despiadada tanto en el sentido de no temer las consecuencias de la misma y de no temerle al conflicto con aquellos que detentan el poder.

Por lo tanto, no estoy a favor de levantar ninguna pancarta dogmática. Por el contrario, debemos ayudar a los dogmáticos a ver claro sus propias proposiciones. Así, el comunismo, particularmente, es una abstracción dogmática. Sin embargo, no estoy pensando en un comunismo imaginario y posible, sino un comunismo que de hecho existe, como aquel que profesan Cabet, Dézamy, Weitling, etc. Es este comunismo solamente una forma particular del principio humanista, aún contaminada por su propia antítesis – el sistema privado. De allí que la abolición de la propiedad privada y el comunismo no son bajo ningún punto idénticos, y no es accidental sino inevitable, que el comunismo haya visto otras doctrinas socialistas – como aquellas de Fourier, Proudhon, etc.- surgir para confrontarlo porque él es en sí mismo sólo una forma especial y unilateral del principio socialista

Y todo el principio socialista a su vez es sólo un aspecto, en lo que respecta a la realidad del verdadero ser humano. Pero debemos prestar igual atención al otro aspecto, a la existencia teórica del hombre, y por ende, hacer que la religión, la ciencia, etc. sean el objeto de nuestra crítica. Además, queremos influenciar a nuestros coetáneos, especialmente a los alemanes. Surge la pregunta: ¿cómo comenzar? Hay dos cuestiones innegables. En primer lugar la religión, y luego la política -son los dos temas que más interesan a la Alemania de hoy. Debemos tomarlos, de cualquier manera que se nos presenten, como nuestro punto de partida, y no confrontarlos con algún sistema ya terminado como ser el de Voyage en Icarie. [Etienne Cabet, Voyage en Icarie. Roman philosophique et social.]

La razón ha existido siempre, pero no siempre bajo su forma razonable. El crítico puede por lo tanto comenzar por cualquier forma de conciencia teórica y práctica y por las formas peculiares de la realidad existente, para desarrollar la verdadera realidad como su obligación y fin último. En cuanto a la vida real, es precisamente el estado político –en todas sus formas modernas- el que, aún cuando no está conscientemente imbuido en las exigencias socialistas, contiene las exigencias de la razón. Y el estado político no se detiene allí. Por todas partes supone que la razón ha sido materializada. Pero precisamente por esto es que cae siempre en la contradicción entre su función ideal y sus prerrequisitos reales.

Partiendo de este conflicto del Estado político consigo mismo, es posible desarrollar la verdad social. Así como la religión es un registro de las luchas teóricas de la humanidad, el Estado político es un registro de las luchas prácticas de la humanidad. Por ende, el estado político expresa, dentro de los límites de su forma sub specie rei publicae (desde el punto de vista político) todas las luchas, necesidades y verdades sociales. Entonces, tomar como objeto de crítica una de las cuestiones políticas más específicas – tal como la diferencia entre el sistema basado en Estado social y el sistema representativo– no está por debajo de hauteur des principles (el nivel de los principios). De hecho, esta cuestión sólo expresa, de manera política, la diferencia entre el poder del hombre y el poder de la propiedad privada. Por esto, el crítico no sólo puede, sino que debe lidiar con estas cuestiones políticas (que, de acuerdo a los socialistas extremos, no son dignas de atención). Al analizar la superioridad del sistema representativo sobre el social-estatal, la crítica, de manera práctica, gana el interés de un gran grupo. Al elevar el sistema representativo de su forma política a la forma universal y al acentuar la verdadera importancia que subyace a este sistema, el crítico obliga al mismo tiempo a este grupo a ir más allá de sus confines, ya que su victoria es a la vez su derrota.

Por lo tanto, nada nos impide convertir en el punto de partida de nuestra crítica, a la crítica de la política, a la participación en la política, y por ende, a las luchas reales, e identificar nuestra crítica con ellas. En ese caso, no nos enfrentamos al mundo en actitud doctrinaria, con un nuevo principio: ¡Esta es la verdad, arrodíllense ante ella! Desarrollamos nuevos principios para el mundo a base de los propios principios del mundo. No le decimos al mundo: termina con tus luchas, pues son estúpidas; te daremos la verdadera consigna de lucha. Nos limitamos a mostrarle al mundo por qué está luchando en verdad, y la conciencia es algo que tendrá que asimilar, aunque no quiera.

La reforma de la conciencia consiste solamente en hacer que el mundo sea consciente de su propia consciencia, en despertarlo de la ensoñación que tiene de sí mismo, de explicarle el significado de sus propias acciones. Nuestro objetivo general no puede ser otra cosa que –como también lo es para la crítica de la religión de Feuerbach- darle a los problemas religiosos y filosóficos la forma que le corresponde al hombre, que se ha vuelto consciente de sí mismo.

Entonces, nuestro lema deberá ser: la reforma de la conciencia, no por medio de dogmas, sino a través el análisis de la conciencia mística, ininteligible a sí misma, ya sea que se manifieste en su forma religiosa o política. Luego será evidente que el mundo ha estado soñando por mucho tiempo con la posesión de una cosa de la cual, para poseerla realmente, debe tener consciencia. Será evidente que no se trata de trazar una línea mental entre el pasado y el presente, sino de materializar los pensamientos del pasado. Finalmente, será evidente que la humanidad no está comenzando una nueva tarea, sino que está llevando a cabo de manera consciente su vieja tarea.

En resumen, podemos formular la tendencia de la revista: la autoconsciencia (filosofía crítica) por parte del presente de sus luchas y deseos. Ésta es una tarea para el mundo y para nosotros. Sólo puede ser la tarea de fuerzas unidas. Requiere de una confesión y nada más. Para asegurar el perdón de sus pecados, la humanidad sólo debe declararlos tal y como son.






Marx trabó amistad con Arnold Ruge, director de un periódico radical en el que Marx había publicado algunos artículos. Ruge se vio obligado a cerrar su diario a causa de la censura y decidió trasladarlo a París. Invitó a Marx a que lo ayudara en la nueva publicación. Esta carta es en respuesta a una carta de Ruge, en la que este último se proclamó a sí mismo ateo y un vigoroso defensor de los "nuevos filósofos".

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